¿POR QUÉ VOLVIMOS A THE OFFICE?

¿POR QUÉ VOLVIMOS A THE OFFICE?

Hace unos días, la compañía estadunidense Nielsen, dedicada a mediciones de audiencia en Estados Unidos, reveló que la sitcom The Office fue lo más reproducido -por lejos- en las plataformas de streaming durante el 2020. Superó, incluso, a series nuevas o que estrenaban temporada como Ozark y The Mandalorian. Y algo similar sucede en muchos otros países, entre ellos el nuestro. Fácilmente, la encontramos en los primeros puestos de los rankings y entre las más comentadas en las redes sociales. A dieciséis años de su estreno y en el medio de una pandemia sin precedentes, volvemos a meternos en las oficinas de Dunder Miffin para reencontrarnos con estos personajes tan únicos. Pero, ¿por qué volvimos a ver The Office durante la cuarentena?

Sin dudas, se trata de una serie de culto: tiene sus fanáticos incondicionales, esos que se saben los diálogos de memoria, que repiten cada escena y cada chiste a la perfección. Es probable que algunos, los más jóvenes quizás, la hayan descubierto durante el aislamiento. Pero la mayoría de nosotros ya estábamos familiarizados con el errático Michael Scott, las locuras de Dwight y la ternura de Jim y Pam. Lo que no quita que, en un contexto donde sentarse en el sillón a mirar series era el plan por excelencia para sobrevivir, se nos haya presentado la oportunidad perfecta para ver los más de 200 episodios de forma continua y ordenada. Gracias a la llegada de Amazon Prime al país, y a la inclusión de las nueve temporadas en su catálogo, se hizo más fácil que nunca maratonear con este grupo disfuncional de empleados y sus monótonos trabajos.

HOME OFFICE

Más allá del tiempo disponible y el fácil acceso, hay otros motivos para que pasáramos horas frente al televisor viendo lo que sucede en una oficina de venta de papel en Scranton, Pensilvania. Quizás el más obvio sea, justamente, el entorno donde transcurre. Cuando la mesa del living pasó a ser nuestro lugar de trabajo, más de uno habrá añorado ese espacio común. Ese lugar donde se compartía un mate o un café, se acompañaban unos a otros a fumar y se daban espontáneamente charlas de pasillo sobre qué serie estábamos mirando.

Es que la oficina no es únicamente el lugar donde pasamos ocho horas por día, de lunes a viernes, a cambio de un sueldo. También es un lugar para socializar, para compartir éxitos y frustraciones, conocer amigos y, por qué no, parejas. Todo eso que la pandemia nos arrebató de un plumazo, lo podemos recuperar gracias a esa identificación mágica que sentimos cuando vemos a Kevin, Angela y Oscar discutir por la fotocopiadora.

The Office

THE OFFICE

Otra cuestión evidente es el humor. En medio de la incertidumbre, cuando parece que nos acercamos al fin del mundo, necesitamos, de vez en cuando, que nos levanten el ánimo. The Office no nos saca una sonrisa con algún que otro chiste bueno. Directamente nos hace revolcar en el suelo a carcajadas, incluso mucho más que la original inglesa. ¿Cómo olvidar la escena del simulacro de incendio? ¿O las míticas ceremonias de entrega de los Dundies? Solo de recordarlo nos volvemos a reír. Sin dudas, el humor es muy necesario en estos tiempos. Pero, a su modo, The Office también nos emociona. Dentro del caos y el disparate, hay lugar para diálogos emotivos, ciertos gestos de sensibilidad y algunas muestras de afecto que nos hacen recobrar la esperanza en la humanidad.

THE OFFICE: UN VIAJE AL PASADO SURREALISTA

Algo que podría jugar en contra es que estamos hablando de una serie relativamente vieja. Tengamos en cuenta que hoy en día las cosas pasan al olvido en cuestión de semanas o meses. Sin embargo, quizás le juegue a favor. Porque nos remite a un pasado cercano, que no deja de ser actual. Un pasado donde las cosas eran más simples y no había un virus asesino en la puerta de nuestras casas. Y además, es estéticamente coherente con ese momento. No es lo mismo que ver alguna película o serie “de época”, donde se nota un desfasaje entre la calidad de la imagen y de la producción con el momento histórico que retrata.

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En The Office transitamos por ese pasado reciente como si hubiéramos viajado en el tiempo y estuviésemos realmente ahí. No está pensada para parecer “atemporal”. Los vestuarios, los objetos, las frases y las cosas que estaban de moda, todo forma parte de ese mundo que es real, que estuvo ahí. Y sigue estando al alcance de la mano. La puesta es totalmente realista: nunca dejamos de ser simples testigos de lo que pasa, no escuchamos los pensamientos ni nos invaden artificios de la cámara o efectos especiales. Y el hecho de estar filmado como “falso documental” va en el mismo sentido. Da la impresión de que lo que vemos no es una puesta en escena sino el mundo real, aunque parezca absurdo e increíble.

CONCLUSIÓN

Sin dudas, hay un motivo más importante que todos los anteriores. Algo que provoca que volvamos a visitar la sucursal de Dunder Mifflin una y otra vez: su absoluta genialidad. No por nada es considerada como una de las mejores comedias de televisión de la historia. Tiene todo lo que podemos buscar en una serie: nos hace reír, nos emociona, nos sentimos identificados. Desde una premisa sencilla, encuentra la forma para proponernos siempre algo nuevo y original, y no decepciona. A pesar de los años, o gracias a ellos, la vida de estos personajes sencillos, exagerados, pero sobre todo muy queribles, nos sigue convocando a ese espacio laboral que se vuelve familiar en cada chiste, cada gag, cada comentario incómodo que, paradójicamente, nos acomoda en nuestra propia realidad.