TENET: IDA Y VUELTA EN EL TIEMPO

TENET: IDA Y VUELTA EN EL TIEMPO

Volver al cine luego de un año es, para aquellos que lo disfrutábamos frecuentemente, un hecho emocionante. Sentarnos en una sala completamente oscura para compartir con un montón de extraños, a dos butacas de distancia, la misma emoción al ver una película. Si a eso le sumamos una pantalla colosalmente grande como la del IMAX y su calidad de imagen y sonido impresionantes, ya se nos pone la piel de gallina. Pero lo más importante, tal vez lo único importante, es la película. Por eso estamos ahí, por eso volveremos a estar: por el amor al cine. En este caso es ni más ni menos que Tenet, la última de Christopher Nolan.

El estilo de Nolan se ha ido forjando con el tiempo hasta convertirse, en los últimos años, en una marca reconocible de autor. La complejidad de la trama, las múltiples temporalidades, la información a cuentagotas que va sirviendo para atar los cabos sueltos. Todo eso forma parte del universo del director y, como no podía ser de otra manera, lo encontramos en Tenet. Mientras que en El Origen el laberinto se construía en el mundo de los sueños, ahora vamos a perdernos entre líneas temporales. Un poco de física y otro tanto de flasheada.

TENET

TENET

“NO INTENTES COMPRENDERLO”

Con una secuencia inicial espectacular, que funciona a modo de prólogo, la acción en Tenet te lleva puesto con un impacto feroz. En el medio de las corridas y las balas que vuelan para todos lados, ya percibimos que algo raro sucede, algo que no podemos explicar. Dentro del escuadrón que da respuesta a un atentado terrorista, Protagonista –sí, ese es el nombre del personaje encarnado por John David Washington (Malcolm & Marie)- formará parte de una misión secreta. Pasado este gran momento de tensión, se desarrollará una suerte de trama de espías, incluyendo un villano megalómano interpretado por Kenneth Branagh (Henry V) y un interés romántico complicado a cargo de Elizabeth Debicki (Guardians of the Galaxy Vol. 2).

NUEVO ORDEN, LA DISTOPÍA SOCIAL 

A fuerza de planes cada vez más complejos y acción de la buena, nos vamos interiorizando con la trama de ciencia ficción que subyace. Una guerra que todavía no sucedió pero que, gracias a una tecnología de inversión de la entropía, afecta al presente desde el futuro (*meme de explosión mental). Por supuesto, esta premisa se irá retorciendo y plegando sobre sí misma cada vez más. En algún momento, ya ni siquiera pretendemos entender exactamente qué está pasando. Debemos aceptar el consejo que Barbara, la científica interpretada por Clémence Poésy (In Bruges), le da a Protagonista: “No intentes comprenderlo. Siéntelo”. Así, nos dejamos llevar.

ROMPECABEZAS Y BLOCKBUSTER

Tenet lleva al máximo los inconfundibles rasgos de Nolan, en línea con películas como Memento o El Origen. La historia que construye es de lo más intrincada, pero sin dejar de ser un producto de Hollywood. Es decir, a pesar de no ser sencilla en su estructura, respeta ciertas pautas, convenciones de género y pactos con el espectador. Desordena y oculta las piezas, pero al final nos deja ver el puzle terminado. Quizás lo más raro, y también lo más interesante, es que no deja de ser una narración lineal. Todo se va mostrando en el orden en que va sucediendo, desde el punto de vista del personaje protagónico. Pero es el concepto mismo de linealidad lo que está puesto en crisis y eso desconcierta, en un buen sentido. Punto para Nolan.

Esa combinación de historia rebuscada con fórmula blockbuster, superproducción y éxito de taquilla es el sello del director. La complejidad de la trama es el punto fuerte pero, a la vez, termina siendo un obstáculo en otros aspectos. La necesidad de dar sentido a lo que vemos lleva a que, por momentos, los diálogos se tornen artificiosos y explicativos, incluso rozando el cliché. Algo similar sucede con la construcción de los personajes. Es como si la profundidad de la estructura no dejara tiempo suficiente para ahondar en los matices de carácter y desarrollar las historias personales. De cualquier manera, nada grave. Estamos tan compenetrados en el enredo que no podemos pensar en nada más.

TENET

TENET

LA VUELTA AL CINE CON TENET

Hay varios puntos altos en Tenet, entre los que se destacan la realización y el montaje. Cuando la línea de tiempo parece desarmarse por completo, filmar y juntar los fragmentos no debe ser tarea fácil. Y menos aún en una producción tan monumental. A esto hay que sumarle una banda de sonido impecable. Realmente la música a cargo de Ludwig Göransson, en clave electrónica distorsionada, conspira a favor del clima enrarecido. Y en cuanto a las actuaciones, todos logran un buen resultado pero hay que destacar a Robert Pattinson (Twiglight) en el rol de Neil, el compañero de Protagonista, que aporta frescura y algunos toques de humor necesarios.

En un mundo que tiende cada vez más a la polarización, el arte en general, y el cine en particular, no escapan al fenómeno. Christopher Nolan es uno de los directores más reconocidos de la actualidad y, por lo tanto, está expuesto a todo tipo de críticas. Así como tiene sus fanáticos defensores, también están quienes lo acusan de ser pretencioso, de querer hacer complicado algo que en el fondo es simple. Tenet no será la encargada de saldar esa discusión, ni por asomo. Porque es una muestra más, quizás de las mejores logradas, de la esencia del director. Te guste o no su estilo, es innegable que el impactante apartado visual hace que sea una de las mejores opciones para la vuelta a las salas.

 

NUEVO ORDEN, LA DISTOPÍA ACTUAL

NUEVO ORDEN, LA DISTOPÍA ACTUAL

La desigualdad entre ricos y pobres viene creciendo sin pausa a nivel mundial. La pandemia no ha hecho más que recrudecer este proceso y poner a la vista, aún más, las injusticias en el reparto de la riqueza. Latinoamérica, por su parte, es la región más desigual del mundo. La brecha entre los ingresos más altos y los más bajos es la más grande del planeta. En este contexto se desarrolla Nuevo Orden, la última película del mexicano Michel Franco (Daniel y Ana), ganadora del Gran Premio del Jurado en el último festival de Venecia. Estrenada el año pasado, recién llega a la Argentina de la mano de Amazon Prime.

La acción comienza durante una boda celebrada en una imponente casa de un barrio rico. La feliz pareja está conformada por Marian (Naian González Norvid) y Alan (Darío Yazbek Bernal). Algunos retrasos en los invitados, movimientos extraños en las calles y noticias del exterior dan a entender que la situación de protesta en las calles es intensa. El conflicto se hace tangible cuando un grupo de manifestantes entra por la fuerza a la casa e interrumpe la boda. Daniel (Diego Boneta), el hermano de la novia, intentará hacerse cargo de la situación que irá creciendo en dramatismo hasta consecuencias inimaginables. El foco en esa familia en particular será una representación de lo que sucede a mayor escala en el resto de la ciudad.

NUEVO ORDEN

NUEVO ORDEN

LA IMPLICANCIA POLÍTICA DEL NUEVO ORDEN

El director Michel Franco explota la temática de la desigualdad social, muy marcada en el pueblo mexicano, para mostrar una especie de distopía actual. La guerra civil se desata y no podemos más que horrorizarnos con lo que vemos. El caos y el descontrol van creciendo hasta volverse insoportables, para luego convertirse en una “nueva normalidad” peor que la anterior. Si hay algún tipo de reflexión sobre la realidad que pueda extraerse de Nuevo Orden, es totalmente nihilista. La desesperanza se va apoderando de todo y va ocupando espacios hasta el mismísimo final. Los ricos son mezquinos, los pobres son violentos y el Estado solo empeora las cosas ejerciendo el poder por la fuerza.

La mirada que completa Nuevo Orden es profundamente antipolítica. No hay salida a la vista, no hay posibilidad de reconstrucción del entramado social. Las referencias más que explícitas al terrorismo de Estado de las dictaduras latinoamericanas atacan directo a la memoria colectiva. La amenaza, siempre latente, de que algo así pueda volver a suceder se materializa. La lectura es que todo está podrido, aunque algunas cosas están más podridas que otras. La caracterización de los pobre como salvajes y la criminalización de la protesta social que deriva en el caos parecen desproporcionadas. Sobre todo, si lo comparamos con la mínima crítica al egoísmo de la clase alta, que resulta ser la víctima en todo el asunto.

LA COMPARASIÓN CON PARASITE

Se ha llamado a Nuevo Orden la Parasite mexicana. Aunque se la estaría poniendo a una altura quizás demasiado pretenciosa, es cierto que hay algunos puntos en común. La desigualdad de las clases sociales como temática, la fiesta como escenario del desastre y algún que otro plano estéticamente similar, pero no mucho más. Se puede decir que el tema principal de la película es una similitud, pero también un desencuentro entre ambas. Porque lo que en Parasite es una historia individual, en Nuevo Orden se convierte en una revolución social en la lucha de clases. Lo que le sucede a los personajes principales poco tiene que ver con su deseo o capacidad de acción. Más bien son arrastrados, literalmente, por una situación que se sale de control a nivel colectivo. Mientras que en la película coreana la cosa se va pudriendo por dentro, en la del director mexicano estalla desde afuera.

NUEVO ORDEN

NUEVO ORDEN

En Nuevo Orden todo se desmadra durante un casamiento. La celebración como escenario funciona para resaltar el contraste, un elemento central en la película. De la alegría al terror, de la calma a la desesperación, del amor a la violencia extrema. Estas contraposiciones vienen a subrayar la cuestión principal, que comparte con Parasite: la diferencia de clase. El lujo de los ricos expuesto en sus ropas, muebles, autos, etc. en comparación a la humildad de los pobres. Estéticamente funciona bien, a pesar de que a esta altura las diferencias entre unos y otros ya parecen un poco obvias. El detalle de la pintura verde que utilizan los manifestantes le agrega un toque interesante, sobre todo en el aspecto visual de la paleta de colores, aunque no termina de ser explotado del todo. Los planos largos agregan dramatismo y dan cuenta de una puesta en escena muy bien lograda.

UN PRODUCTO HECHO DE CONTRASTES

Los 88 minutos que dura Nuevo Orden no pueden aburrir a nadie. Montada a la perfección, a la película parece no sobrarle ni faltarle un solo milímetro. Todo tiene un por qué, todo produce un efecto sobre nosotros los espectadores. Partiendo de una premisa atractiva, el drama se va cargando, siempre en ascenso, con un final tan súbito como desesperanzador.

En líneas generales, Nuevo Orden ofrece una historia potente, con muy buen ritmo y carga emotiva, que mantiene al espectador en un shock constante. Se vale de recursos narrativos, dramáticos y cinematográficos muy interesantes, que son propios de un director que sabe lo que quiere contar. Desmenuzando el contenido ideológico, la crítica puede, con razón, acusar a la película de ser algo clasista o reaccionaria. Pero eso no quita que la realización visual tenga la potencia suficiente para dejarnos pasmados con el resultado.

25 AÑOS DE TRAINSPOTTING: DROGAS Y ROCK AND ROLL

25 AÑOS DE TRAINSPOTTING: DROGAS Y ROCK AND ROLL

Hace 25 años se estrenaba una de las películas más significativas para toda una generación. Considerada entre las mejores películas inglesas, Trainspotting modificó la forma de tratar ciertas temáticas en el cine. Drogas, violencia, delitos y el desencanto de una parte de la juventud con la sociedad burguesa son retratados sin moralina, sin juzgamientos y desde una óptica vertiginosa que combina drama intenso con momentos absolutamente cómicos. Indagamos un poco para ver qué hace de esta cinta una de las más influyente y representativo del espíritu inglés de los 90.

LA SUSTANCIA

Trainspotting está basada en la novela homónima del escritor Irvine Welsh. Ya desde su publicación en 1993, había generado algunas controversias por la crudeza y la forma en que narra ciertos temas. Poco les importó al director Dany Boyle (Slumdog Millionaire) y al productor Andrew Macdonald, que convencieron al autor de que podían llevar a la pantalla su obra. Por supuesto, la película no iba a estar exenta de problemas. Por ejemplo, para el estreno en EEUU tuvieron que recortar algunos fragmentos, como un desnudo frontal o el mítico primer plano de la aguja insertándose en el brazo, para evitar una clasificación restrictiva. Pero la principal polémica se instaló con el argumento de que incitaba a los jóvenes a consumir drogas. Obviamente, estas críticas venían desde la parte más conservadora de la sociedad, que no veían con buenos ojos que un grupo de drogadictos protagonizaran una película cool y atractiva.

Lo cierto es que, si bien el ritmo vertiginoso y las múltiples situaciones cómicas le dan mucha vitalidad a la película, esta no deja de tener momentos puramente dramáticos. Y las mayores tragedias ocurren por culpa del uso de sustancias como la heroína. Por eso, no suena muy convincente el argumento de la apología. Pero sí es destacable esa combinación de atmósferas que confunden el drama y la comedia. Puede verse ahí una influencia de películas como Pulp Fiction de Tarantino, aunque no es la única. Hay varias referencias directas, como la ambientación del boliche que remite al bar de La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick, o la cabeza que gira al estilo de El Exorcista de William Friedkin.

LOS NERDS AL PODER

Si la comparamos con, por poner un ejemplo cercano, Requiem for a dream del año 2000, podemos ver una clara diferencia. En esta última también se toca el tema de la adicción a las drogas, pero se hace desde una perspectiva mucho más oscura. No hay lugar para el humor. Sin embargo, en Trainspotting pasan cosas igual o incluso más trágicas que la película de Darren Aronofsky, pero el tono es completamente distinto.

TRAINSPOTTING

TRAINSPOTTING

TRAINSPOTTING: LOS YONKIS DE EDINBURGO

El propio Ewan McGregor (Big Fish) cuenta que, ni bien recibió el guión, supo que quería ese papel. Boyle se lo había dado solo para que lo viera, pero cuando se reunieron, el actor ya había bajado 7 kilos, se había rapado y tenía estudiado el tema de las drogas. Según él, “era uno de esos papeles que se cruzan en tu camino una vez en la vida”. Y razones no le faltaban: el personaje de Renton es sumamente interesante. Conflictivo y defectuoso, aunque consciente de sus propios defectos, reflexiona críticamente sobre la vida burguesa, a la que no le encuentra sentido. Reconoce sus errores, pero a la vez no tiene muchas intenciones de cambiar. Y, a partir de la influencia de sus amigos, se sumerge en la autodestrucción. Esta complejidad lo convierte en un personaje multidimensional: no se puede resumir en un único atributo o arquetipo.

Por supuesto, va a estar muy bien acompañado por el resto de la banda. Sick Boy (Jonny Lee Miller) es el más drogado del grupo, egoísta y mentiroso, con una fascinación por las películas de James Bond. Después está Begbie (Robert Carlyle), el más violento y psicótico, con actitud de líder de una pandilla de mafiosos. Spud (Ewen Bremmer) es tan torpe que se mete en las situaciones más bizarras, pero también es el más sensible. Tommy (Kevin McKidd) parece ser el más rescatado y sano, hasta que deja de serlo. Y por último Diane (Kelly MacDonald), una adolescente de 15 años que empieza una relación con Renton a partir del encuentro en un boliche. Todos están muy bien, todos aportan algún matiz propio y resultan influyentes para la trama.

 

“¿QUIÉN NECESITA RAZONES CUANDO TIENES HEROÍNA?”

Lo que hace que una película se convierta en un clásico del cine suele ser un misterio. Pueden ser múltiples las causas. Pero sin dudas, uno de ellas es la cantidad de momentos o escenas puntuales que quedan grabadas para siempre en la memoria. Y en Trainspotting hay varios. Con esto no queremos decir que simplemente eso la ubique a la altura de los grandes clásicos, aunque méritos no le faltan.

Desde la escena inicial con el monólogo de Renton, la corrida por las calles de Edimburgo y la genial Lust for Life de Iggy Pop de fondo, nos arrastra un torbellino que no nos suelta más. Esa corriente nos va a llevar desde el consumo desenfrenado hasta el síndrome de abstinencia. Y en el medio, de todo: robos, violencia, muerte y excesos de todo tipo. La genialidad del asunto es que, dentro de ese viaje a todo trapo, vamos a pasar por todos los estados posibles. Euforia, risas, llanto, desesperación, rabia, decepción, angustia.

No solo las emociones que nos provoca son de una amplitud atípica. Trainspotting logra combinar, en su puesta en escena, dos abordajes completamente opuestos. Por un lado el realismo más duro, más sucio. Un realismo grunge. El ambiente, los vestuarios, los diálogos, las agujas entrando en la piel, todo está representado con una crudeza extrema. Y, por otro lado, las alucinaciones psicodélicas de la heroína retratadas como una fantasía surrealista. La escena de la sobredosis acompañada magistralmente por Perfect Day de Lou Reed, o la inmersión en “el peor inodoro de Escocia”, o los delirios de la abstinencia son absolutamente fantásticos. Los dos lenguajes se yuxtaponen y se complementan mutuamente de una manera tan magistral, que servirá de influencia para el cine futuro.

TRAINSPOTTING

TRAINSPOTTING

EL LEGADO DE TRAINSPOTTING

Estrenada en 1996, Trainspotting se transformó en uno de los largometrajes inglesas más influyentes. Películas como Snach y Lock, Stock and Two Smoking Barrels de Guy Ritchie, o This Is England de Shane Meadow tal vez nunca hubiesen existido. En 2017 se estrenó la secuela T2 Trainspotting, basada en la novela Porno también escrita por Welsh. Con solo mencionar que reunió a todo el elenco original, director y guionista, ya merece la pena verla. Si bien no es tan impactante como la primera, pero deja algunos momentos muy buenos, incluso una de esas escenas que te hacen reír a carcajadas en la butaca del cine.

Hay que mencionar inevitablemente la banda de sonido de Trainspotting. Acoplada perfectamente a la estética de la película, incluye clásicos del pop y del rock, como también temas más alternativos e incluso de música electrónica. Además de las mencionadas de Iggy Pop y Lou Reed, contiene canciones de grupos de la escena británica como Blur, Pulp, Primal Scream y New Order. Sin dudas, se trata de una de los mejores soundtracks de la historia del cine, al menos de los últimos tiempos.

Trainspotting fue un estallido de realidad, tanto por su estética como por el contenido. Generó controversia, tuvo detractores y pasó a ser una película de culto ineludible para los cinéfilos. Ganó algunos premios, sobre todo en el Reino Unido, y hoy es considerada un hito que marcó el cine de fin de siglo. Disponible en Amazon Prime, después de 25 años sigue siendo actual, fresca y avasallante para cualquiera. Un sacudón que te deja dando vueltas como un trompo.

I CARE A LOT: UNA FUSIÓN DE COMEDIA Y THRILLER

I CARE A LOT: UNA FUSIÓN DE COMEDIA Y THRILLER

Cada vez es más común encontrarnos con protagonistas de series o películas cuya moral resulta, al menos, cuestionable. La figura del héroe clásico con valores altos y nobles fue quedando de lado frente al antihéroe. Personajes con fallas, demonios internos o que arrastran errores del pasado, logran identificarnos porque resultan más humanos. En I Care a Lot, los personajes son simplemente malvados, uno peor que el otro. El último estreno de Netflix, a cargo de J Blakeson (The Disappearance of Alice Creed) nos trae una combinación de comedia negra con thriller criminal que, aún con inconvenientes, maneja bien la tensión y el ritmo.

Desde el comienzo, nos enteramos que Marla, interpretada por Rosamund Pike (Gone Girl) es una mujer vil y despiadada. Junto con su novia Fran (Eiza González), tiene su propio negocio que se encarga del cuidado de adultos mayores cuando el Estado determina que no pueden cuidarse solos. Y, para hacerse de clientes, no duda en sobornar y conspirar con médicos, encargados de geriátricos y quien haga falta. Así, logra quedarse con los bienes de los ancianos para administrarlos y cubrir los gastos. Por supuesto, se trata lisa y llanamente de una estafa, pero una muy bien aceitada. Todo funciona a la perfección, hasta que se presenta una oportunidad perfecta: Jennifer (Dianne Wiest) una viejita sin familia y con mucha plata. La cosa se va complicar cuando aparezca el personaje de Peter Dinklage (Game of Thrones), un tipo peligroso con un interés particular en Jennifer.

I CARE A LOT

I CARE A LOT

LA MEZCLA DE GÉNEROS

En un principio, todos los personajes nos parecen despreciables. Y ese es el punto más fuerte de la I Care a Lot. No hay un destino deseable, no podemos tomar partido de forma clara. La atmósfera va discurriendo en una suerte de comedia negra que no deja de ser interesante en el planteo y el desarrollo. Al menos, en la primera mitad. Después, todo se va desgastando y cae en una especie de fórmula prefabricada de thriller que mueve el foco de la cuestión inicial. Es una pelea de malos contra malos, cada uno buscando su propio interés y corriendo un poco más los límites.

THE ASSISTANT: EL ABUSO DE PODER

Esa mezcla de géneros que en algún momento fue refrescante, ya se volvió un poco repetitiva. Y en este caso, también es confusa. A pesar de que intentan darle una vuelta, terminan cayendo en ciertos clichés que resultan muy convencionales. La mafia rusa, la muerte evitada en el último segundo, el plan osado ejecutado a la perfección. Todo eso es perfectamente entendible en cualquier película de acción. Acá esperábamos algo distinto. Siempre hay lugar para la sorpresa y el giro inesperado, pero en este caso no parecen suficientes.

UN POCO MÁS DE INMORALIDAD POR ACÁ

Al final, da la sensación de que la película podría haber explorado más a fondo la amoralidad de los personajes. En cambio, termina coqueteando con esa paradigmática construcción del héroe con ciertos valores, ciertas líneas que no va a cruzar y que lo hacen un poco superior al resto. Aunque tampoco termina de realizar esa reconversión. Y ese es el principal problema: la película no se decide, no se la juega del todo. No sabe qué hacer con el dilema que plantea. Incluso recurre a una suerte de moralismo de manera algo forzada. Esa indefinición, que a priori podría ser un punto fuerte, no termina de funcionar del todo.

En líneas generales no está mal, pero queda sabor a poco. Sobre todo porque la premisa inicial era interesante. I Care a Lot tiene buen ritmo y no deja de ser entretenida. Pero, sin dudas, lo que destaca es la actuación de Rosamund Pike, que le valió la nominación a los Globos de Oro. El cinismo, la ambición desmedida y la completa falta de escrúpulos del personaje están retratados a la perfección. Y, sumado al magnetismo que ella tiene, dan un resultado que vale la pena ver.

THE ASSISTANT: EL ABUSO DE PODER

THE ASSISTANT: EL ABUSO DE PODER

Ya hemos visto, en varias ocasiones, cómo la industria del cine se cuenta a sí misma a través de las películas. Por lo general, suele ser una mirada romantizada de un pasado glorioso. La “edad de oro” de Hollywood es una referencia inevitable, a la que se suele volver. The Assistant hace algo distinto, incluso podríamos decir opuesto. Es una mirada de la industria actual, cruda y mínima. No hay grandes hechos, no hay estrellas ni excentricidades. Todo pasa en un día, en una oficina que no dice mucho. Y el resultado es inquietante. La directora de documentales Kitty Green (Casting JonBenet) se la juega con su primera ficción, protagonizada por Julia Garner (Ozark), para contar una historia de abuso y poder en la industria del cine, inspirada en el caso real del productor Harvey Weinstein.

El largometraje comienza cuando Jane (Garner) sale de su casa a la madrugada para ir a su trabajo. Ella es la asistente novata en una oficina de una gran empresa productora, aunque al principio no tenemos muchos indicios del rubro de la compañía. Podría ser cualquier oficina, hasta que empezamos a percibir ciertos detalles propios de la industria cinematográfica. Lo que sí es evidente es el maltrato que Jane recibe por parte de su jefe y, en menor medida, también de sus compañeros. Está encargada de hacer distintas tareas, desde planificar viajes de negocios hasta lavar los platos. Incluso tiene que lidiar con la esposa de su jefe y sus problemas personales. Y, ante cada error o falta de manejo en la situación, recibe los insultos telefónicos del superior.

THE ASSISTANT: LO QUE NO SE CUENTA

La narración en The Assistant está planteada de forma bien posmoderna. La historia es fragmentaria en su conjunto y también en el interior. Cuando se cierra el telón, tenemos la sensación de no haber visto lo suficiente, como si fuese un recorte de algo más grande. Y a su vez, cada escena nos muestra demasiadas cosas que, a simple vista, percibimos intrascendentes. Pareciera que en la edición hubiesen dejado algunos segundos de más en cada plano. El efecto que esto produce aplica perfectamente para el tema que trata la película. El abuso en la oficina está presente, latente, pero siempre oculto. No se deja ver claramente, no hay huellas o evidencias, más allá de algún descuido que pronto se tapa. Sin embargo lo percibimos, está ahí, camuflado entre la monotonía y la rutina de una jornada. Importa más lo que no se ve que lo que aparece en la pantalla.

THE ASSISTANT

THE ASSISTANT

La mayoría de los personajes no tienen nombre propio; algunos ni siquiera son visibles para el espectador. Hay algo del ocultamiento, sí, pero más que nada es un “mirar para otro lado”. Cuando Jane quiere hacer lo que cree correcto, se enfrenta a un sistema silencioso que hace todo cuesta arriba. El ambiente de manipulación y maltrato se va cargando cada vez más hasta volverse insoportable. La sensación de soledad en la que se ve inmersa Jane es acompañada perfectamente con una puesta en escena totalmente despersonalizada: fotografía neutra, encuadres clásicos  y enfoques planos.

MALCOLM & MARIE: DRAMA EN TIEMPO REAL

Por último, hay que destacar la actuación de Julia Garner en el rol protagónico y casi monopólico de la película. Su interpretación es exacta y comprometida. Se deja ver la frustración, el agotamiento y la contradicción interna que atraviesa el personaje. Amamos a Julia, y acá se luce una vez más. The Assistant, disponible en Amazon Prime, es una manifestación inquietante y perturbadora sobre el machismo y el abuso en el ambiente del cine. Pero, por sobre todo, es la representación de las enormes dificultades de ver y denunciar estas prácticas, en un ambiente cómplice o rehén. Es imposible salir intactos después de pasar por eso.