BO BURNHAM INSIDE: MUCHO MÁS QUE HUMOR

BO BURNHAM INSIDE: MUCHO MÁS QUE HUMOR

¿Cómo hacer humor cuando se acaba el mundo? ¿Cómo hacer reír en la pandemia? Esas son las preguntas que se planteó el multifacético Bo Burnham (Eighth Grade) cuando empezó a filmar su especial Inside. No sabemos si encontró la respuesta, pero sin dudas él mismo lo logró en esa casi hora y media que dura el programa de Netflix. Y no solo se trata de hacernos reír, hay mucho más para ver en esa genialidad sin forma definida.

Primero lo primero: ¿quién es Bo? Como tantos otros comediantes de los últimos tiempos, comenzó su carrera haciendo videos de YouTube en el 2006. Tras el éxito en visualizaciones, logró meterse en la programación de Comedy Central y MTV. Y ahí empezó a hacer un poco de todo: giras en teatros, escribió la serie Zach Stone Is Gonna Be Famous y la película Eight Grade, que también dirigió, e incluso estrenó su especial de humor en Netflix, Make Happy. Siempre con un estilo muy particular, una forma de hacer humor que en el fondo muestra algo más. Exponiendo su intimidad a un nivel insospechado y a fuerza de reflexiones profundas, logra hacernos ir de la risa a un estado de total angustia existencial en cuestión de segundos. Por momentos es totalmente desconcertante.

INSIDE

INSIDE

UN ESPEJO DONDE MIRARSE

Durante la pandemia, surgieron infinidad de expresiones sobre lo que estábamos viviendo. Blogs, canales de Youtube, diarios personales, registros en redes sociales. Por lo general, nada lograba llenar las expectativas de ser el testimonio vivo de lo que estaba pasando. Inside podría haber sido un producto más para sumar a la lista. Pero, a diferencia de la gran cantidad de contenido sin profundidad que circula, este compilado de momentos aparentemente inconexos llega a tocarnos una fibra muy íntima. Es mucho más que un diario de la cuarentena.

Podríamos decir que es una crítica a la forma de consumir los medios, pero no desde el moralismo. Más bien desde remarcar que son, justamente, medios: algo que está entre una cosa y otra, entre un ser humano y otro. Y eso genera una multiplicidad de personas en una persona, según cómo se muestra en cada red social. Inside es un poco eso, un recorrido por esa multiplicidad asfixiante y depresiva. El encierro vino a mostrarnos que no es tan fácil convivir con nosotros mismo.

También es un especial musical de comedia y, a la vez, la bitácora documental de un hombre intentando hacer un especial musical de comedia. Está lleno de referencias meta: juegos con la cámara, tomas de Bo mientras edita los clips que acabamos de ver, comentarios sobre cómo viene siendo la filmación. Es una exploración autorreflexiva de la performance como expresión artística, de las posibilidades del humor en medio del desastre. Ese poder que tiene el humor, cuando está bien hecho, de imponerse aún en los peores contextos.

INSIDE

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GENERANDO CONTENIDO

En su gran parodia social, atraviesa todos los avatares de nuestra era, que ya son cliché. Desde el videoclip hasta el videoblog, pasando por un perfil de Instagram, un streaming de videojuegos, un video-reacción de YouTube o una conversación por Facetime. Cualquier formato funciona en Inside como plataforma para el humor, pero más aún para transmitir una sensación que envuelve todo. Desesperación, angustia, miedos, en el medio de las risas.

Cuando empezó la cuarentena, se habló mucho sobre la posibilidad de aprovechar este tiempo para hacer algo significativo. Se decía, en aquel entonces, que si Shakespeare había escrito El rey Lear durante la plaga, tal vez esta pandemia nos dejaría alguna obra maestra. Después nos dimos cuenta de que ya era suficiente presión intentar sobrevivir como para sumarle otra exigencia. Pero hay algo paradójico en Inside que le responde a esa idea. Por un lado, el mensaje parece contradecirla totalmente: no estamos en condiciones mentales de algo tan ambicioso. Por otro, el resultado es tan genial que podemos decir que estamos frente a la obra maestra de Burnham. Sin proponérselo, o intentando ir en contra, tal vez lo haya logrado.

¿HACIA DÓNDE VA EL CINE DE SUPERHÉROES?

¿HACIA DÓNDE VA EL CINE DE SUPERHÉROES?

Indudablemente, los superhéroes fueron los claros dominadores de la últimas dos décadas del entretenimiento. Esos seres superiores con poderes diversos, que en su gran mayoría iniciaron su recorrido en el formato del cómic, hoy forman parte de las producciones más ambiciosas, prolíficas y redituables de la industria cinematográfica, tanto en las series como (principalmente) en el cine. Sin embargo, no por tener superpoderes se está exento de la caída. El agotamiento del público y la sobreexplotación de las fórmulas que, evidentemente, funcionan, afectan a cualquiera. Por eso, es necesaria una constante reinvención del género para no caer en repeticiones aburridas. La historia puede servir para aventurar qué depara el futuro.

LOS INICIOS

Las primeras incursiones de los superhéroes en el cine coinciden con el éxito de los cómics, en la década del 40. Principalmente, se trataba de películas seriales (episodios cortos) de Batman, Capitán América o Superman. Luego siguieron algunas series de TV en las décadas de los 50s y 60s. La más famosa: la inolvidable serie de Batman de Adam West, entre 1966 y 1968, que aún hoy es recordada con cariño por los seguidores.

Pero la incursión fuerte en el cine fue recién en 1978, con la muy bien recibida Superman de Richard Donner (The Omen). Tal fue el alcance de la adaptación, que el hombre de acero tuvo otras tres películas en la década siguiente. Algo similar sucedió con Batman (1989) de Tim Burton (Edward Scissorhands), que también tuvo tres continuaciones. Ambas franquicias sufrirían el mismo mal: pésimas secuelas. Tanto Superman IV (Sidney Furie) como Batman & Robin (Joel Schumacher) son desastrosas, de lo peor que se ha hecho con esos personajes. Por eso fueron las últimas de cada saga. Pero no son las únicas películas horribles de superhéroes de los 90. Hay que mencionar también las olvidables Captain America (Albert Pyun) y The Fantastic Four (Oley Sassone), que no se quedan atrás. Quizás esta serie de fracasos estrepitosos haya retrasado el fenómeno que vemos hoy en día por varios años. Imposible saberlo.

THE CROW

THE CROW

Lo cierto es que, en paralelo, algo bueno se estaba gestando. En 1994 se estrena The Crow (Alex Proyas) con gran repercusión debido a la muerte accidental del actor protagónico durante el rodaje. Pero la película tiene méritos propios, y marca un quiebre con respecto a lo que se venía haciendo. Además de convertirse en la primera franquicia basada en un cómic independiente, The Crow es una peli de superhéroes mucho más oscura y sangrienta, para un público más adulto. Esto sería clave para que existan las películas de Spawn (Mark Dippé) o la trilogía de Blade (Stephen Norrington), donde el protagonista pasa a ser un anti-héroe.

LOS 2000 Y LA ERA DORADA DE LOS SUPERHÉROES

El nuevo milenio comienza con una serie de películas de superhéroes que buscaban relanzar el género. Algunas lo lograron con bastante éxito y se transformaron en franquicias muy rentables para las compañías. X-men, Spiderman, Hellboy, por nombrar solo algunas que tuvieron varias entregas. Pero la década del 2000 tuvo dos momentos realmente importantes en esta historia. El primero: el estreno en 2005 de Batman Begins, la primera de la trilogía de Christopher Nolan (Inception). Este reboot significaría un cambio de paradigma estético para el caballero de la noche y para el futuro de DC. Mucho más sombrío, cruento y dramático, tanto en el aspecto visual como narrativo.

El segundo momento de quiebre también se empezó a gestar en el año 2005. Marvel comenzó a producir de manera independiente sus propias películas, siendo la primera en estrenarse Iron-Man (Jon Favreau) en 2008. La creación de su Universo Cinematográfico (MCU) revitalizó a este tipo de historias con un toque especial que marcaría su destino. Al igual que hiciera Stan Lee con los cómics en la década del 60, la idea principal del MCU era entregar películas particulares de cada héroe, para luego juntarlos en el crossover más grande hasta el momento: Avengers. El resto, es historia. El éxito fue descomunal, cada película superaba en taquilla a las anteriores. Se produjeron en total 23 películas, conformando así la Saga del Infinito.

AVENGERS

AVENGERS

GUERRA DE GIGANTES

Claramente, la última década estuvo marcada por una fuerte disputa entre las dos grandes compañías del género. El ganador indiscutido fue Marvel, que supo llevar adelante un proyecto más ambicioso, con una fórmula tremendamente efectiva. Pensadas para un amplio público de todas las edades, con toques de humor, mucha acción e historias atrapantes. Generó además un fenómeno que se extendió a otros géneros y franquicias: los multitudinarios crossovers que reúnen elencos espectaculares. Esa maravilla de planificación y diseño que es el MCU marcó un antes y un después en el cine de superhéroes, que luego se extendió al formato de las series en TV y de plataformas.

DC, por su parte, siguió apostando por una visión más cruda y menos edulcorada del mundo de los superhéroes. Así, luego de la gran trilogía de Batman que desarrolló Nolan, el encargado de formar el Universo Extendido (DCEU) que reuniera a los principales personajes fue Zack Snyder (300). Ya sabemos que esto no salió del todo bien, pero al menos Snyder intentó darle un toque distintivo al DCEU. Igualmente, y ahora sí pensando ya en el futuro, quizás lo más interesante que dejó el director fue su primera adaptación de un cómic de DC, allá por el 2009: Watchmen.

JUSTICE LEAGUE

JUSTICE LEAGUE

EL BIEN Y EL MAL

La historia nos demuestra constantemente que los éxitos de hoy son los fracasos de mañana. Nada es para siempre, ninguna fórmula es infalible ni eterna. Lo que en la actualidad parece funcionar a la perfección, podría dejar de hacerlo en cualquier momento. Por eso, algo tan establecido como el género de superhéroes debe reconvertirse constantemente para seguir estando arriba. Y algo de eso ya está sucediendo.

Ni siquiera vale la pena mencionar que los límites clásicos del bien y el mal han sido trastocados. Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. La figura del anti-héroes es hoy en día más común que la del héroe clásico. Todos tienen sus demonios internos, su pasado oscuro, sus decisiones cuestionables. Iron-man es frío y egoísta, Batman busca venganza, Deadpool es… un caso aparte. En definitiva, ya nadie supone que el héroe vaya a ser moralmente intachable, ni mucho menos. Pero esto de ninguna manera anula la esencia de la lucha entre el bien y el mal, que es una pata fundamental del universo de los superhéroes.

Por otro lado, tenemos a los villanos que ya no son tan malos. Y no hablamos de los que se convierten en los nuevos héroes como Loki o los del Suicide Squad. Cada vez más, los antagonistas tienen un motivo concreto que los lleva a actuar. Están más justificados. En cierta forma, siempre lo tuvieron, pero hoy se puede ver un esfuerzo por construir la lógica interna del villano. Thanos tiene un propósito, puede ser cruel pero tiene sentido lo que plantea. Lo mismo sucede con el Joker: puede estar loco, pero no deja de ser coherente consigo mismo. Tal es así que tenemos una gran película (Joker del 2019) explicando por qué es como es, y casi que lo entendemos.

THE BOYS

THE BOYS

LOS SUPERHÉROES DEL FUTURO

Pero esta borradura de la línea entre el bien y el mal no es lo más relevante hoy en día. Es casi una obviedad. Ya damos por sentado que nada es tan definitivo, que hay grises, hay matices, y las cosas pueden no ser como parecen. Hay otra cuestión más profunda que se pone en juego en algunas películas y series de los últimos años. Si destacamos a Watchmen es porque fue la primera vez (al menos tan masivamente) que se cuestionó a los superhéroes. Pero no de una manera individual: no se trata de comprobar si tal o cual cumple con los requisitos, si actúa bien o mal, si cometió un error o un crimen. Lo que se plantea es un mundo post-heroico, donde el concepto mismo de “superhéroe” es puesto a discusión. Claro, el cómic tiene 35 años, pero es normal que el cine vaya mucho más retrasado.

Algo de esta cuestión también puede verse en Batman vs Superman (2016), también de Snyder. Y, mucho antes, en toda la saga de X-men, con la pregunta sobre si los humanos y los mutantes pueden convivir. Recientemente, tenemos la crítica interesante de The Boys (Eric Kripke), donde los roles se invierten y los súper pasan a ser los malos de la historia. De nuevo, esto no anula la disputa entre el bien y el mal, que está en la base del género. Pero sí es una muestra de que la crisis de los superhéroes está dentro de su mundo, y no fuera. No va a venir algo más que derroque su reinado, van a caer por su propio peso.

Lo curioso es que esto último vale tanto para los personajes como para la industria en general. Si los superhéroes son cuestionados, es porque todo el entramado está llegando a sus límites. Por el momento, el mismo sistema ha sabido explotar esta tensión y generar algunas de las historias más interesantes. Pero, de nuevo, nada dura para siempre.

La nueva saga de Marvel acaba de comenzar con WandaVision y The Falcon and the Winter Soldier en Disney+. Mientras tanto, DC apuesta por una reconstrucción de su universo a partir del esperado semi-reboot de The Suicide Squad (James Gunn). Veremos si logran ofrecer algo novedoso para superar el agotamiento que, más temprano que tarde, llegará a un público que hasta el momento se mantiene fiel.

OKUPAS LLEGA A NETFLIX A 20 AÑOS DE SU ESTRENO

OKUPAS LLEGA A NETFLIX A 20 AÑOS DE SU ESTRENO

Hay películas y series que, por alguna circunstancia más o menos clara de su historia, pasan a ser de culto. Puede ser por el contenido de lo que narran, por la forma o por algo externo que les da cierta mística. Nunca se sabe muy bien por qué pasa, pero pasa. Y es así como ciertos productos audiovisuales se ganan ese estatus, con su correspondiente tribu que los banca a pesar del paso de los años. Si queremos hablar de la serie de culto argentina por excelencia, esa es Okupas. A veinte años de su estreno, Netflix confirmó que pronto podremos verla en su plataforma.

Un tuit de CheNetflix, la cuenta argenta de la popular compañía, sacudió a los fanáticos. Si bien ya se sabía que el proyecto estaba encaminado, el video tráiler que empezó a circular en las redes reavivó la fantasía de volver a ver Okupas, esta vez en HD. Los tiempos cambiaron, la tecnología avanzó muchísimo, pero la serie ideada y dirigida por Bruno Stagnaro (Un gallo para Esculapio) sigue siendo muy actual.

LA MARGINALIDAD EN LA TV

Para ponernos en contexto, cuando se estrenó Okupas en el año 2000, la televisión argentina estaba ocupada en otros asuntos. Las series de la época estaban protagonizadas por personas de clase media o media-baja. Se intentaba mostrar la cotidianeidad con esa suerte de costumbrismo medio inocente. Intencionalmente o no, la realidad de los barrios populares quedaba fuera de la tevé. Okupas llegó para mostrar algo que permanecía oculto en las ficciones de los medios masivos: la marginalidad.

Bruno Stagnaro venía de hacer Pizza, Birra, Faso (1998), una película bastante disruptiva, que tuvo muy buenas críticas. Hecha con muy bajo presupuesto, recibió varios premios y es considerada un exponente del Nuevo Cine Argentino. Muchos de los motivos o temas que trataba en la película son retomados en Okupas. Robos, pungas, pibes callejeando en las calles de Buenos Aires, drogas, bardo. Locaciones reales, espacios de las calles de la ciudad, actores que no eran profesionales que se sumaban a la filmación. Algo así como un Neorrealismo argentino. Y es que el realismo de la serie es impactante. Tanto las actuaciones como los escenarios buscan reflejar de manera fiel la vida de estos jóvenes marginales.

RELIDAD O FICCIÓN

Okupas narra la historia de un grupo de amigos que viven en carne propia lo más crudo de la vida en la ciudad. Ricardo (Rodrigo De la Serna) es un pibe de clase media que dejó el estudio y no tiene trabajo. Su prima le ofrece cuidar un caserón que estaba ocupado y fue desalojado, para que los ocupantes no se vuelvan a meter. Para ayudarlo a cuidar la casa, Ricardo llama al Pollo (Diego Alonso) y luego se suman el Chiqui (Franco Tirri) y Walter (Ariel Staltari). A partir de ese momento, los cuatro se van a ir metiendo cada vez más en el submundo de Buenos Aires, al que Ricardo es bastante ajeno.

OKUPAS

OKUPAS

El único actor conocido hasta ese momento era Rodrigo de la Serna, quien antes de Okupas había participado en varias series nacionales de la época. El resto eran, o bien del under, como Diego Alonso y Ariel Staltari, o directamente nunca habían actuado. Es ya famosa la anécdota del casting de Dante Mastropierro, cuando fue seleccionado para el papel del Negro Pablo. Tenía que representar un asalto en plena calle, entonces Dante le consultó a Stagnaro si la escena sería de día o de noche. El director no entendía cuál era la diferencia, a lo que Dante le contestó: “de día te voy a robar de una manera y de noche te voy a robar de otra”.

NUEVA MÚSICA, MISMA ESCENCIA

La bomba de Netflix fue muy bien recibida por los fanáticos de la serie, aunque no todas son buenas noticias. Es que, si bien vamos a poder disfrutarla en muy buena calidad, no vamos a contar con la banda de sonido original. En su momento, no había una reglamentación tan estricta con respecto al copyright, por lo que la serie fue musicalizada a gusto de los realizadores. Temas de Sumo, los Redondos, Almendra, Pescado Rabioso. Incluso de los Beatles o de los Rolling Stones. Estos últimos son quizás los más problemáticos a la hora de reponer la serie, ya que los derechos de autor resultarían carísimos. Por eso, en el regreso de la serie, Netflix tomó la decisión de rehacer la banda de sonido. El encargado fue Santiago Motorizado (El mató a un policía motorizado), quien compuso varios temas para volver a musicalizar Okupas.

Pese a esto, sin dudas se trata de una excelente noticia. Ya sea que la hayas visto en su momento y quieras revivirla, o que tengas la oportunidad de acercarte por primera vez, es imposible no sentirse movilizado por esta obra. Okupas nos dejó una gran variedad de novedades, que difícilmente se hayan podido igualar. Desde las escenas con mayor tensión e incomodidad de la historia de la televisión argentina, hasta las frases más ocurrentes que, aún hoy, siguen resonando en el público.

DE ‘DAWN OF THE DEAD’ A ‘ARMY OF THE DEAD’

DE ‘DAWN OF THE DEAD’ A ‘ARMY OF THE DEAD’

Zack Snyder es uno de esos directores que marcan un estilo autoral muy propio, con grandes aciertos en películas como 300 y Watchmen, y algunas otras olvidables como Sucker Punch. Últimamente, estuvo en boca de todo el mundo con la llegada de su corte de Justice League, luego de una historia más que problemática. En los próximos días saldrá a la luz en Netflix Army of the Dead, donde podríamos decir que regresa a sus orígenes: los zombis. A la espera del estreno, vamos a recordar Dawn of the Dead, aquella opera prima que lo posicionó como director.

REMAKE CON EL TOQUE SNYDER

En el año 2004, Snyder hizo su debut en la gran pantalla con Dawn of the Dead. Se trata de una remake de la película homónima de 1978 escrita y dirigida por el gran (me pongo de pie) George Romero. Aunque, como suele suceder, no se trata de una adaptación exacta de aquella. La primera diferencia notable que vemos tiene que ver con la movilidad de los muertos vivos. En la original, y en casi toda la historia del género, los zombis eran seres obstinados, pero lentos y torpes. Prácticamente se arrastraban. Eso cambió a partir del 2002, cuando Danny Boyle presentó su 28 Days Later y sentó las bases de la reinvención del género.

DAWN OF THE DEAD

DAWN OF THE DEAD

Por supuesto, a Snyder le viene al pelo este comportamiento irascible y frenético de los zombis para poner en marcha su maquinaria de acción. Una energía salvaje y brutal, llena de sangre y violencia, será el motor del relato. Incluso, por momentos ese vértigo se lleva puesto al guion, generando algunas incongruencias que, entre las corridas por sobrevivir y la matanza de los no-muertos, pasan de largo. La paranoia que se vive en todo momento y el peligro inminente, crean la atmósfera de Dawn of the Dead desde el comienzo hasta el último segundo.

LA IMAGEN DEL CAOS

La fórmula clásica de un grupo de sobrevivientes que se refugia y debe resistir el ataque de los zombis, en este caso se desarrolla en un gran centro comercial. Nuestra protagonista es Anna, interpretada por Sarah Polley (My Life Without Me), una enfermera que, de la noche a la mañana, se despierta en el medio del apocalipsis. Tras escapar del primer ataque, se va a encontrar con Kenneth, un policía  representado por Ving Rhames (Pulp Fiction). Juntos van a recorrer la ciudad hasta conocer al resto de los personajes que los guiarán hasta el shopping, que usarán como refugio.

Hay varios momento icónicos por su impacto visual (algunos lo llamarán efectismo) como pueden ser la escena del nacimiento o la llegada en carretilla de la señora herida. Pero sin dudas lo más avasallante son los planos panorámicos, donde la escena se nos muestra con cierta distancia. Ya sea desde la altura o la lejanía, el escenario cargado de destrucción y muertos vivos por doquier refleja esa visión desoladora del mundo. Visión muy clásica de Snyder, en lo que vendría luego de Dawn of the Dead. La contundencia visual del caos desatado es uno de los puntos más fuertes de la película.

DAWN OF THE DEAD

DAWN OF THE DEAD

EL EJÉRCITO DE LOS MUERTOS

El guion de James Gunn (Guardians of the Galaxy) es sólido en cuanto a la adaptación de la original de Romero. Si bien tiene algunas fisuras (lo del perro es inexplicable), la actualización que hace del clásico es correcta. Los personajes son bien arquetípicos, pero eso no es un problema en este tipo de películas. De hecho, el grupo funciona porque cada uno ocupa su rol, bien definido.

Dawn of the Dead, tanto la original como la remake, son una crítica a la sociedad de consumo norteamericana. La elección de Romero de situarla en un centro comercial es una muestra clara. La versión de Snyder ofrece varias cosas interesantes: acción frenética, mucha sangre e imágenes impactantes. Es un gran exponente del género zombi, que ha ido creciendo desde entonces. Para muchos, es considerada la mejor película del director. Esperemos que pueda superarse a sí mismo con Army of the Dead.

LOS SONÁMBULOS: LA FAMILIA Y LA NOCHE

LOS SONÁMBULOS: LA FAMILIA Y LA NOCHE

El año 2020 fue el más complicado de los últimos tiempos en varios aspectos. En lo que refiere al cine, todos los planes debieron modificarse sobre la marcha, y muchos proyectos se vieron interrumpidos. En Argentina, no hubo muchos estrenos particularmente recordables. Quizás, uno de los más interesantes haya sido Los sonámbulos, cuarta película de la directora Paula Hernández (Herencia). La película, que en realidad fue estrenada a fines del 2019, fue la selección oficial argentina para candidata a Mejor Película Internacional de los últimos premios Oscar. Si bien no quedó en la terna, tiene méritos suficientes para plantarse como una de las mejores películas nacionales del último año.

Todo ocurre en un par de días y prácticamente en una misma locación. Si bien hay un breve prólogo, rápidamente nos trasladamos a una casa de campo donde Luisa (Érica Rivas), su hija Ana (Ornella D’Elía) y su esposo Emilio (Luis Ziembrowski) van a pasar año nuevo con la familia materna de él. Allí se encontrarán con los hermanos de Emilio, Sergio (Daniel Hendler) e Inés (Valeria Lois), y también con la dueña de casa y madre de los tres, Memé (Marilú Marini). El ambiente familiar empieza a mostrar algunas rispideces, especialmente cuando Alejo (Rafael Federman), el hijo mayor de Sergio, llega a pasar las fiestas luego de varios años ausente. Entre recuerdos de la infancia, Alejo va a llevar a Ana por un rumbo lleno de imposturas de rebeldía que, en un principio, atraen a la joven adolescente.

LOS SONÁMBULOS

LOS SONÁMBULOS

ALGO MÁS QUE UN DRAMA FAMILIAR

Varios temas van a ir apareciendo en esta convivencia. La venta de la casa, quién se hace cargo de los gastos, algunas diferencias a la hora de manejar la empresa familiar. Todo parece indicar que algo va a pasar, pero no es obvio que así sea. Más allá del drama familiar, habrá una cuestión de disputa de poder que se inscribe en la cuestión de género. Entre la seducción, el despertar sexual y la desconfianza dentro de la propia familia, se juega el tema central de Los Sonámbulos. La tensión de las escenas clave se construye desde lo siniestro: lo que parece familiar se vuelve extraño, y la sensación de miedo invade desde adentro.

Dicho sea de paso, el nombre de la película refiere al trastorno que padece Ana, heredado de varios miembros de la familia. El peligro que significa caminar dormido a oscuras, en una casa desconocida, en un ambiente raro, tiene un papel importante. La noche es un momento inquietante donde el peligro parece imponerse, y el cuidado de la madre encuentra un límite.

LOS SONÁMBULOS

LOS SONÁMBULOS

EL RELATO CORAL

En el aspecto técnico, hay varias cosas para destacar en Los Sonámbulos, que están ejecutadas a la perfección. Varios planos secuencia con cámara en mano, que dan una continuidad precisa y natural, suman a generar ese ambiente cotidiano y, a la vez, singular. Una fotografía que aprovecha de manera efectiva la luz natural del campo y la oscuridad nocturna. Pero quizás lo más destacable sea lo apretado de los planos, lo asfixiante de una situación cargada de presencias ambiguas, entre amistosas y amenazantes. Sin dudas, se logra ese efecto.

En el plano del guion, todo parece estar muy acertado. Al margen de la historia y el conflicto, que están muy bien construidos, la forma de relato coral le da un sentido a cada cosa que sucede. Todos los personajes tienen su desarrollo, sus momentos esenciales en los que se define quiénes son. Y las actuaciones acompañan ese desarrollo. No es ninguna novedad si decimos que Érica Rivas es, hoy en día, una de las mejores actrices argentinas. Y acá lo demuestra una vez más. Pero si hay que destacar una interpretación, es la de Ornella D’Elía. En su tercera película, logra darle a Ana una espesura tan real que nunca defrauda. Por supuesto, ahí también hay mérito de la directora.

Los Sonámbulos es una película sólida, sin puntos bajos. Tiene ese aire extraño que la hace dialogar perfectamente con La ciénaga de Lucrecia Martel. La casa de campo, la tensión familiar que parece suspenderse, ponerse en pausa, pero que finalmente es imposible de disimular, entre varios puntos de contacto. Dentro del catálogo de Amazon Prime, sin dudas vale la pena para alejarnos un poco del glamour de Hollywood.