CRIMES OF THE FUTURE: UN ENSAYO SOBRE EL CUERPO

CRIMES OF THE FUTURE: UN ENSAYO SOBRE EL CUERPO

No es la primera vez que David Cronenberg (The Fly, Cosmopolis) titula una de sus películas Crimes of the Future. Ya lo había hecho en 1970 en uno de sus primeros largometrajes, antes incluso de Shivers (1975), donde ganó bastante popularidad. Sin embargo, el propio director se encargó de aclarar que no hay relación entre las películas, aunque podemos sospechar que sí. Hay algunos puntos de contacto con aquella de los 70s, pero lo más interesante es que una idea se pueda haber desarrollado durante tanto tiempo en la mente del creador. Casi como si fuera un órgano que crecía en su interior.

Y es que justamente Crimes of the Future cuenta la historia de un artista performativo al que no paran de crecerle órganos nuevos, sin función aparente. Saul, interpretado por Viggo Mortensen (Eastern Promises), realiza sus actos como si fuesen cirugías en la que se extirpa esos órganos-tumores. En realidad, quien realiza la cirugía es Caprice, su compañera y amante, encarnada por Léa Seydoux (La vie d’Adèle). En un mundo futurista donde ya no existe el dolor ni las infecciones, las personas se vuelcan por intervenir sus propios cuerpos como una expresión del arte. “La cirugía es el nuevo sexo” dice Timlin, Kristen Stewart (Spencer), una burócrata fascinada con el arte de Saul.

CRIMES OF THE FUTURE

CRIMES OF THE FUTURE

EL FUTURO YA LLEGÓ

El mundo que construye Cronenberg en este film es futurista, pero no tanto. Está a la vuelta de la esquina de nuestro presente. También es sombrío, oscuro, desolador, pero de ningún modo es apocalíptico. Es un mundo fronterizo, donde todo está en transformación, donde parece que un cambio de paradigma está al caer y ya no hay vuelta atrás. Incluso los personajes se preguntan varias veces si lo que están haciendo es abrir una puerta a un mundo nuevo. Hay un riesgo constante que se percibe en el aire, los peligros están ahí, tanto afuera como adentro.

No es posible mirar una película de David Cronenberg y salir indiferente. Te perturba, te aterra, te disgusta o te asquea, o un poco de todo eso a la vez. Porque el director canadiense posee una impronta que afecta, o infecta, al espectador de manera intempestiva. Es cierto que no todas sus películas exploran los mismos temas o abordan conflictos similares, pero el componente impresionante siempre está, y Crimes of the Future no es la excepción. Se dice que es el regreso de Cronenberg a “la nueva carne”, ese estilo/género que supo construir en los 70s. Una combinación de parte orgánica y parte máquina en el cuerpo humano, imágenes horrorosas pero también emocionantes, sensibles e incluso sensuales y sexuales.

CRIMES OF THE FUTURE

CRIMES OF THE FUTURE

UN CRONENBERG TOTAL

La última etapa de Cronenberg, la del siglo XXI, se fue alejando del body horror para contar historias más psicológicas, más mentales y más reflexivas. Allí están A History of Violence, Eastern Promises, A Dangerous Method, Cosmopolis y Maps to the Stars. El foco pasa a estar en las relaciones de poder, el crimen organizado, el capitalismo o el psicoanálisis, dejando de lado un poco (solo un poco) su preocupación por el cuerpo.

Esto no significa que antes no haya habido un componente político en sus historias. Nadie puede decir que en Videodrome o incluso en The Fly, no haya política. Una política del cuerpo, entendida con los ojos del siglo XXI, sobrevuela toda la obra del genial director. Pero en las últimas películas la psicología tenía un peso superior al cuerpo que en las primeras. En Crimes of the Future, combina esa “nueva carne”, esa muestra visceral y cruda de cuerpos mutilados, mutados, desgarrados, con una reflexión profunda sobre los cuerpos, la autoridad, el consentimiento, el concepto de arte, la subversión, la vida.

Las performance de Saul pueden ser un acto de conservadurismo, en contra de los cambios en los cuerpos. Pero a su vez, su propio cuerpo es modificado e intervenido, que en definitiva es lo que hace a los cuerpos mutar. ¿Qué es natural y qué es artificial? Dentro de este mundo apenas futurista, habrá quienes crean que existe una evolución natural de los seres humanos. También habrá detractores, y habrá un Estado preocupado por el control, por imponer una lógica estable y consciente, por rotular lo “humano”.

CRIMES OF THE FUTURE

CRIMES OF THE FUTURE

¿QUÉ ES CRIMES OF THE FUTURE?

Crimes of the Future es una película extraña, Cronenberg puro y duro. Tendrá un recorrido corto en salas (solo en la Lugones por algunas semanas) y después pasará a estar disponible en Mubi. Tal vez sea una de las últimas películas del director de 79 años, que ya ha comenzado una especie de cierre a su carrera con el corto The Death of David Cronenberg, del año pasado. Quizás por eso esta película retoma un título que estaba presente al comienzo de su carrera. Quizás, también, por eso resuenan referencias a piezas clásicas de su filmografía como The Fly  o Videodrome. Y quizás, esa maestría lograda con los años le haya permitido una conjunción con precisión quirúrgica entre sus dos principales etapas como director.

Se dice que puede ser un alegato en contra de la intromisión del Estado en las decisiones sobre el cuerpo. No creo que sea tan así. Si bien los policías y los burócratas intervienen, digamos, “negativamente”, no queda claro el rumbo en el que las personas transformarán sus cuerpos. La palabra “evolución” sobrevuela la cinta de punta a punta, pero no hay un defensa de las libertades, no hay una reivindicación de la anarquía. Hay incertidumbre y peligro que brota por todos lados. Solo parece salvarse el arte, esa forma que tiene la humanidad de pensarse a sí misma y, en este mundo futurista, declarar sobre sus propios cuerpos.

 

Datos:

Año: 2022.

Duración: 107 min.

Dirección: David Cronenberg.

Guion: David Cronenberg.

Elenco: Viggo Mortensen, Léa Seydoux, Kristen Stewart.

Plataforma: Cine, Mubi.

THE EYES OF TAMMY FAYE: EL SHOW RELIGIOSO

THE EYES OF TAMMY FAYE: EL SHOW RELIGIOSO

Con dos nominaciones a los premios Oscar, la nueva película de Michael Showalter (The Big Sick) se aleja del tono de comedia del director. En este caso, aborda un drama basado en hechos reales. Más concretamente, en la historia de la telepredicadora Tammy Faye, quien supo construir un imperio junto a su marido. The Eyes of Tammy Faye tiene un abordaje humano sobre un personaje polémico, que ha tenido gran relevancia para la religión y la televisión estadounidense.

La historia comienza con una jovencita, que sufre al no ser aceptada en la iglesia por el pasado de su madre. Pero, gracias a su carisma (o a un milagro), logra adentrarse en el mundo religioso y llega a convertirse en predicadora. Entonces, Tammy Faye, interpretada por Jessica Chastain (Zero Dark Thirty), conoce a Jim Bakker, encarnado por Andrew Garfield (Tick, Tick… Boom!), un predicador del cual se enamora. Juntos comienzan a viajar por los pueblos dando sermones, hasta que un golpe de suerte los convierte en estrellas de televisión. A partir de ahí, comenzarán un ascenso en la tevé religiosa que cobrará proporciones insospechadas.

THE EYES OF TAMMY FAYE

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LA CAÍDA DE TAMMY

The Eyes of Tammy Faye cuenta esta historia desde una mirada íntima, muy centrada en el personaje de Tammy. El ascenso casi desde la nada misma, el éxito y la caída, para dar lugar a un último momento de redención, aunque ya sea tarde. La popularidad que logró la pareja de predicadores es impresionante. Con más de 20 millones de televidentes en todo el mundo, construyeron la mayor red religiosa televisiva. A esto se suma un parque temático y varios proyectos paralelos. Todo esto, por supuesto, les valió varios detractores y algún que otro enemigo.

Tras la caída, Faye se convirtió en el objeto de burla preferido de los cómicos de entonces. Su personaje, tan estrafalario, de gestos exagerados, fue caricaturizado hasta el hartazgo. Una clara muestra de misoginia, ya que su marido, a pesar de haber terminado preso, no corrió con la misma suerte. Es que Tammy era la más carismática, y eso no se lo perdonaron. A pesar de que jamás pudieron demostrar que ella haya cometido un delito, quedó manchada por el escándalo del cual su marido era responsable.

THE EYES OF TAMMY FAYE

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LA PELÍCULA DE JESSICA CHASTAIN

Esta aparente injusticia fue la que llevó a la propia Chastain a convertirse en productora de The Eyes of Tammy Faye. Cuando vio un documental hecho en el 2000 (con el mismo nombre que esta película), la inspiró a contar esta historia. Ella creía que la vida, los medios y la sociedad habían sido muy crueles con la predicadora. En cambio, nadie había reparado en los valores de amor y tolerancia que promovía en sus shows y sus canciones.

Podríamos decir que The Eyes of Tammy Faye es la película que Jessica Chastain quiso hacer. Gracias a ella, recibió su tercera nominación al Oscar. Antes, había sido nominada por Zero Dark Thirty (2012) como actriz protagónica (al igual que ahora) y The Help (2011) como actriz de reparto. ¿La tercera será la vencida? Lo cierto es que hace méritos más que suficientes para estar ternada. La manera en que transmite una personalidad luminosa, casi al punto de resultar irritante por momentos, es genial. Se puede ver la fragilidad, la extravagancia y el carisma de Tammy, al igual que su calidez. Además, como si fuera poco, también hace los covers de las canciones de Tammy con su propia voz.

THE EYES OF TAMMY FAYE

THE EYES OF TAMMY FAYE

ENTRE LA ESTAFA Y LA REIVINDICACIÓN

Es más que interesante el dilema moral que plantea la película. Por un lado, es inevitable sospechar de la increíble fortuna que van amasando a medida que los fieles hacen donaciones. Todo muy turbio. Y, aunque la película no lo explicita, e incluso puede ser demasiado naif con sus protagonistas, sí levanta sospechas. Sobre todo en el rol de la madre, interpretada por Cherry Jones. Ella desconfía constantemente del origen y el uso del dinero. Y ya en el siglo XXI, resulta imposible no asociar este tipo de telepredicadores a simples estafadores.

Pero, por otro lado, hay una reivindicación más que válida de los valores que Tammy transmitía. Es cierto que los discursos de amor al prójimo forman parte de la fe religiosa. Pero ella iba un poco más allá, y The Eyes of Tammy Faye lo hace notar. Tal es así, que se convirtió en una referente para movimientos LGTBIQ+ cuando pocas figuras públicas se animaban a alzar la voz por ellos. Ese gesto es doblemente meritorio si tenemos en cuenta el contexto de las instituciones religiosas. Sin ir más lejos, Tammy entrevistó, en vivo y para millones de espectadores, a un predicar homosexual con VIH, en un momento donde la discriminación era la norma general.

Esa doble mirada sobre el fenómeno de Tammy Faye hace de la película algo sumamente interesante. En líneas generales, es reivindicatoria, pero no por eso deja de remarcar ciertos puntos oscuros. The Eyes of Tammy Faye no es condescendiente con sus protagonistas. Más bien, ofrece una mirada humana sobre un personaje polémico, intentando rescatar las valiosas contribuciones que ha hecho. Puede parecer demasiado edulcorado, pero no deja de ser una ficción disfrutable y entretenida.

STUDIO 666: TERROR Y ROCK AND ROLL

STUDIO 666: TERROR Y ROCK AND ROLL

Las biopics de músicos y artistas están más de moda que nunca. Relatar de manera ficcional la historia de una estrella parece ser una fórmula que funciona muy bien. Distinto es que los propios artistas hagan una ficción sobre sí mismos. Los Foo Fighters se proponen esto en Studio 666, una sátira/homenaje al terror ochentoso. El resultado es desparejo y bastante caótico, pero bueno, ¡así es el rock and roll!

No es la primera vez que una banda de rock se embarca en una película ficcional de sí misma. A lo largo de los años, hay muchos ejemplos de estos. A Hard Day’s Night  de The Beatles, muestra un día de la mítica banda de Liverpool en el medio de la beatlemanía. Mucho más política es The Wall, hecha por Pink Floyd, retratando la vida de una superestrella del rock, aunque ellos mismos no aparecen en escena. Más cerca en el tiempo tenemos la genial 8 Mille, donde Eminem interpreta a un personaje fuertemente inspirado en su experiencia personal. Así y todo, no es tan fácil mencionar alguna banda que haya hecho una ficción de género, no autobiográfica, interpretándose a sí misma. Studio 666 lo hace.

STUDIO 666

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¿BASADA EN HECHOS REALES?

La premisa de la película es bastante simple. La banda Foo Fighters está preparando su décimo álbum y el productor Jeremy Shill (Jeff Garlin, Curb Your Enthusiasm) necesita que salga cuanto antes. Así, les propone a Dave Grohl y compañía que lo graben en una mansión en Encino, California, con una legendaria historia de rock. Convencidos por la acústica del lugar, los músicos aceptan y comienza la accidentada grabación. Lo que ellos no saben es que, años antes, una tragedia que involucró a otra banda de rock ocurrió en ese lugar. Y, al parecer, las fuerzas malignas que intervinieron entonces siguen estando en esa casa.

Una cosa curiosa sobre Studio 666 es que la idea surge a partir de una experiencia real. Cuenta el propio Grohl que, mientras grababan en esa misma locación su álbum Medicine at Midnight lanzado en 2021, varias cosas raras pasaron. Instrumentos que se desafinaban, sonidos extraños en las cintas grabadas y demás cuestiones misteriosas. Se dice que incluso hay videos de estos sucesos, pero no pudieron ser publicados ya que la banda firmó un contrato de confidencialidad porque la casa se encuentra a la venta.

STUDIO 666

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ROCKEROS JUGANDO A SER ACTORES

El terror, el gore y el humor son los pilares de Studio 666. Se trata de una parodia sin malicia a un género ya clásico como los slayer de los 80. Es casi un homenaje al estilo de la saga de Evil Dead. Muertes bizarras y absurdas, toneladas de sangre, desmembramientos y tripas, forman parte del menú, todo con ciertos toques de humor. Gags y chistes que van desde lo más básico, hasta referencias musicales y a otros artistas (incluyendo un cameo muy gracioso). El rock, por supuesto, está presente en toda la película, e incluso se bromea con la idea del “tema épico” con el que Grohl se obsesiona particularmente.

Las actuaciones son, ni más ni menos, que las de un grupo de rock. Es ya conocido el carisma que suele mostrar Grohl en los videos y apariciones públicas. Obviamente, es quien mejor se mueve delante la cámara. Pero el resto de los músicos tienen, por momentos, destellos de gracia. Por ejemplo, Pat Smears, uno de los guitarristas, es tan duro para actuar que recuerda lo mejor del cine clase B. Taylor Hawkins, el batero, jamás aprendió su libreto e improvisó la mayoría de sus líneas. En un contexto paródico, disparatado y absurdo, no solo no desentonan, sino que resultan graciosos y acertados. Transmiten la sensación de estar divirtiéndose mientras filman una película.

STUDIO 666

STUDIO 666

PARA FANÁTICOS DEL ROCK

Tal vez lo más flojo de Studio 666 sea el montaje y la edición. Hay errores que podrían haberse evitado fácilmente y sin embargo están ahí. ¿Puede ser intencional? No parece, ya que no es una constantes. Da la impresión de que se les escapó la tortuga. Además, se pierde un poco el ritmo a partir del punto medio y termina resultando algo larga para lo que tiene que decir. Incluso, un poco previsible.

Studio 666 se filmó en secreto, durante el aislamiento por la pandemia. La idea es fresca, con buenas intenciones, algunos aciertos y otros tantos puntos flojos. Cuenta con un cameo del gran John Carpenter (Halloween, The Thing, They Live), que además colaboró con la banda para componer el tema inicial. Ese referente invaluable del género indica a las claras que se trata de un homenaje. Con el estreno en la misma semana en que la banda se presenta en el Lollapalooza, Studio 666 es un regalo para los fanáticos. Aunque no vaya a quedar en la historia, resulta entretenida para los amantes del rock y el terror más gore, y se deja disfrutar.

 

BAJO LA CORTEZA: EL FUEGO Y LA CULPA

BAJO LA CORTEZA: EL FUEGO Y LA CULPA

En su primer largometraje, Martín Heredia decide abordar un tema que resulta sumamente presente. Incluso, es más pertinente en la fecha de su estreno que en el momento en que se filmó. Los incendios que azotan, lamentablemente, de manera frecuente a distintas provincias, son el combustible de Bajo la corteza. Sin decirlo explícitamente, se entiende que la acción transcurre en alguna parte de Córdoba, pero podría ser en casi cualquier lado. Una mirada necesaria, sobre un problema que no podría ser más contemporáneo.

Bajo la corteza cuenta la historia de César (Ricardo Adán Rodríguez), una persona humilde que se gana la vida con changas de desmonte de terrenos. Cuando puede, vende un poco de leña e intenta conseguir alguna otra ocupación, sin mucha suerte. Todo parece cambiar cuando conoce a Zamorano (Pablo Limarzi), un desarrollador inmobiliario que le da varios trabajos. Con esto, César puede ayudar a su hermana Mabel (Eva Bianco) y lograr un poco de estabilidad, aunque esto signifique pasar algún límite, con consecuencias difíciles de calcular.

BAJO LA CORTEZA

BAJO LA CORTEZA

¿QUÉ HAY BAJO LA CORTEZA?

El ritmo con el que Bajo la corteza atraviesa los acontecimientos es pausado, bien al estilo del campo. Planos largos, estáticos o con poco movimiento, donde el silencio tiene un rol esencial. Esta decisión estética también hace sentido en la trama: el tema del tiempo es fundamental. Por un lado, el apuro del negocio, la necesidad de concretar cuanto antes las ambiciones de los inversores. Por otro, la parsimonia del artesano, la paciencia del trabajador que hace las cosas a su ritmo, aunque resulte más cansador y menos económico.

Hay algo que se va presintiendo, que se ve que va a pasar. Es bastante evidente, ya que la primera escena de Bajo la corteza lo adelanta. Pero igual se va construyendo de a poco, dando cuenta de una dinámica que parece ser real. No es que de un día para el otro las cosas se descontrolan. Más bien es que, dentro de una lógica que parece normal (y hasta positiva), se llega a un extremo que empuja a las personas hasta las últimas consecuencias. No es que no haya responsables, es claro que los hay. Pero esa responsabilidad se va camuflando y se ve tamizada bajo “buenas intenciones”.

BAJO LA CORTEZA

BAJO LA CORTEZA

UN DILEMA MORAL

Hay ciertas similitudes con el trabajo de Lucrecia Martel, sobre todo en La mujer sin cabeza. Desde los planos (algunos muy parecidos) hasta la ubicación de la cámara: ese recurso de ocultarla detrás de un árbol o en un rincón, como si estuviéramos espiando la escena. También en la construcción de un ambiente de provincia, campesino, pobre. En Bajo la corteza el desenlace se ve más evidente que en las películas de la directora, donde hay muchas “distracciones” o tramas que se mezclan. Pero igualmente, resulta interesante ver eso: algo que sabés que va a pasar, y aún así se desliza de a poco, como inocentemente. Frente a tanto efecto plot twist al que estamos acostumbrados, se siente diferente y auténtico.

En lo que parece ser una historia simple y una aventura personal, se desvela un trasfondo más colectivo. El poder económico y político, la corrupción y la policía, la prevalencia del negocio por sobre todo lo demás. Esa lógica está en la matriz de Bajo la corteza, funcionando como escenario pero también como condicionante. Es el clásico recurso de contar algo general a partir de un evento puntual. Esto significa, al mismo tiempo, un desafío moral y transcendental. Quien se siente culpable, no necesariamente tiene la culpa de lo que pasa. Podemos tomar partido, porque la propia película lo hace, pero el dilema ya está planteado.

BAJO LA CORTEZA

BAJO LA CORTEZA

VARIOS DEBUTS AUSPICIOSOS

Una mezcla de profesionales y no-actores forma parte del elenco de Bajo la corteza. Tanto Pablo Limarzi (Los hipócritas, Zahorí), como Eva Bianco (Cuatro mujeres descalzas, Los labios) cuentan con experiencia previa. Sobre todo en el caos de la actriz, esto se ve en muchas escenas, donde logra transmitir emociones de manera destacada. Por otro lado, el protagonista (al igual que Kevin Calderón, que interpreta al hijo de Mabel) hace su debut absoluto. Ricardo Adán Rodríguez no actúa de peón rural, sencillamente lo es. Esto aporta naturalidad a un papel que es difícil por lo escaso: mucho silencio, mucho gesto introspectivo, poca expresión hacia el afuera.

El debut de Heredia como director es más que satisfactorio. Con algunos planos que podrían cuestionarse, la mayoría son decisiones acertadas. La fotografía, rubro en el que sí cuenta con experiencia previa, es perfecta para lo que pide la película. Seca, algo oscura y con contrastes de frío y calor. Anteriormente fue director de arte de algunos cortos: Fotosíntesis (2019), El sonido de la campana (2019), Tormenta de verano (2014). En definitiva, Bajo la corteza resulta muy disfrutable, necesaria por su contenido y una excelente carta de presentación para su director.

Datos:

Año: 2022.

Duración: 86 min.

Dirección: Martín Heredia Troncoso.

Guion: Martín Heredia Troncoso, Federico Alvarado.

Elenco: Ricardo Adán Rodríguez, Eva Bianco, Pablo Limarzi, Kevin Leonel Calderón.

Plataforma: Cine.

BELFAST: MEMORIAS DE LA INFANCIA

BELFAST: MEMORIAS DE LA INFANCIA

Las memorias del pasado, sobre todo de la infancia, suelen ser la inspiración de muchos artistas y autores. Esos recuerdos que marcaron a las personas a temprana edad, luego son revisitados para dar forma a nuevas experiencias, siempre distorsionadas por la mediación del tiempo. Algo de eso sucede en Belfast, la película de Kenneth Branagh donde, en calve semi autobiográfica, recupera sus recuerdos de infancia en la capital de Irlanda del Norte.

La historia de Belfast es la de un niño, Buddy (Jude Hill), que vendría a ser un alter ego del propio Branagh. Este chico vive muy tranquilamente con su Ma (Caitriona Balfe, Outlander) y su Pa (Jamie Dornan, Fifty Shades of Grey). Pasa sus días jugando en las calles de Belfast con sus amigos o en casa con su hermano Will (Lewis McAskie), su abuelo Pop (Ciarán Hinds, There Will Be Blood) y su abuela Granny (Judi Dench, Notes on a Scandal). Pero los problemas económicos de la familia y, principalmente, el estallido del conflicto político-religioso en Irlanda interrumpen la tranquilidad de los días.

BELFAST

BELFAST

EL ESTALLIDO EN BELFAST COMO ESCENARIO

Ante todo, hay que decir que Belfast no es una película estrictamente política. Si bien el conflicto que sacudió al Reino Unido a fines de los 60 está mostrado y es influyente, no deja de ser un telón de fondo o una suerte de contexto. Lo fundamental en la obra es la familia, el amor, la amistad y las relaciones comunitarias que, por supuesto, se ven afectadas por la violencia de las calles. El punto de vista siempre es el de Buddy y, por lo tanto, el de un niño. Esto significa que la mirada es necesariamente infantil e idealizada. Recurso válido, ya que eso le da un aire de “puesta en escena” que funciona muy bien. No estamos viendo una representación realista del conflicto político, ni siquiera de la familia. Es una retrospectiva en donde la memoria, como siempre, se presenta distorsionada.

El espíritu de la película es el de una colección de recuerdos. Cada escena es una viñeta, un momento que queda grabado en la memoria del niño, durante esos días agitados. Una tarde de juegos en familia, un consejo del abuelo o el primer encuentro con la violencia en las calles, son algunos de esos fragmentos de memoria. Con humor e ironía, retrata una época y una visión del mundo. Cuestiones como la religión, la familia y lo que significa ser irlandés, forman parte de los diálogos más divertidos, a la vez que interesantes.

BELFAST

BELFAST

EL RECUERDO Y LA PUESTA EN ESCENA

Visualmente, hay enormes aciertos en Belfast. Desde una suerte de autoconciencia de la cámara para mostrar cierta puesta en escena, hasta la fotografía en blanco y negro con enorme nivel de detalle. En el medio, una composición de planos fragmentados, que funciona como metáfora en muchos niveles: político, familiar y generacional, entre otros. Suele haber una ruptura de un momento feliz, en donde sobreviene la tragedia. Y ese quiebre, viene acompañado por un encuadre o una sucesión de planos que lo reafirman. Por otro lado, el uso de la profundidad de campo para construir dos o tres espacios en el mismo plano es alucinante. Y esa misma economía de la imagen se ve en el guion, al que no le sobra ni una coma, dando una de película de apenas 98 minutos, toda una rareza hoy en día.

Hay dos momentos en los que la imagen retoma el color y, justamente, son referencias artísticas. Al retratar el cine y el teatro, Belfast abandona el blanco y negro. Y esto puede dar cuenta tanto de la influencia sobre el autor de estos hechos artísticos, como también evidenciar el recurso de la puesta en escena. Es como si la propia película nos estuviera aclarando, por si hiciera falta, que la imagen es un artefacto, una construcción. Y el color, o la ausencia del mismo, es un recurso más de los tantos que hacen sentido a la película. La memoria es vista en blanco y negro, pero el arte se refleja tal cual en su momento: es perdurable.

BELFAST

BELFAST

EL SENTIDO ESTÉTICO DE BELFAST

Paradójicamente, la belleza de las imágenes es uno de los puntos que algunos críticos encuentran problemáticos. A Belfast se le reclama que todos los planos son extremadamente cuidados, pero que eso no aporta ninguna función dramática. El preciosismo estético, ¿hace sentido con el drama? Podríamos pensar que lo que muestra es, justamente, la mirada idealizada e inocente del niño. O, incluso, ya no del niño, sino del adulto en el que se convirtió y rememora esa etapa de su vida. Además, el efecto estético se justifica a sí mismo. Después de todo, la película también es un paseo además de una narración, y no hay mejor cosa que pasear por paisajes hermosos.

Belfast es un torrente de emociones transmitidas desde la belleza de la imagen. Sí, vamos a llorar, pero también hay espacio para las risas, la ternura y el amor. Y todo sin caer en golpes bajos y manteniendo una fluidez en la narración que nunca se interrumpe. Los abuelos, Judi Dench y Ciarán Hinds (que nació justamente en Belfast), recibieron ambos su merecida nominación al Oscar. Sus actuaciones están entre lo mejor de la película, y protagonizan algunos de los momentos más emocionantes. También es para destacar lo que hace Jude Hill en su debut en la gran pantalla. Por supuesto, allí hay mérito del director. Según cuentan, en muchas ocasiones dejaban la cámara grabando en secreto y convencían al niño de que se trataba de un ensayo, para que se sintiera más relajado. Muchas de las imágenes tomadas de esa manera quedaron en el corte final.

CINE

BELFAST

REFERENCIAS E INFLUENCIAS

Además de todo lo dicho, Belfast cuenta con una gran cantidad referencias culturales. Por un lado, a la cultura pop: películas como Chitty Chitty Bang Bang o The Man Who Shot Liberty Valance, así como la elección de un cómic muy particular. Esto marca una serie de influencias del autor, que seguramente lo han marcado en su infancia. Agreguemos que la música está superpoblada de canciones de Van Morrison, el legendario músico nacido justamente en Belfast. Unas diez canciones suyas están en el soundtrack, incluida una composición original que le valió la nominación al Oscar.

Branagh, por su parte, cuenta con la postulación al mejor guion original, con altas chances de ganarlo. A esto se agregan las dos nominaciones posiblemente más importantes de los Oscar: mejor dirección y mejor película. Por supuesto, la competencia es pareja y nada asegura que vaya a quedarse con uno o varios premios. Pero, sin dudas, Belfast  es una de las favoritas para el próximo 27 de marzo, y méritos no le faltan.