THE POWER OF THE DOG: LA CANDIDATA DE NETFLIX

La nueva película de Jane Campion, The Power of the Dog, es una de las favoritas para hacerse con el premio Oscar a la Mejor Película.

Bruno Palladino

Escritor en proceso. Pasión por la literatura, cine y series como formas de arte. Intentando alcanzar el verdadero Unagi.

18/02/2022

Hace ya varios años que Netflix intenta llevarse la estatuilla de Mejor Película en los Oscar y se queda con las ganas. En el 2019, Roma de Alfonso Cuarón no pudo ante Green Book de Peter Farrelly. En el 2020, The Irishman de Martin Scorsese perdió ante la genial Parasite de Bong Joon-ho. Y el año pasado, Nomadland de Chloé Zhao le ganó la pulseada a Mank de David Fincher. La tercera no fue la vencida, aunque tal vez lo sea la cuarta. Porque este año, además de la discutible Don’t Look Up de Adam McKay, la productora apostó fuerte a The Power of the Dog, de la prestigiosa directora Jane Campion. Y esta sí que es una favorita a quedarse con el premio, aunque la competencia no sea sencilla.

THE POWER OF THE DOG

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ESTO NO ES UN WESTERN

La historia tiene lugar en Montana, en 1925. Un par de hermanos con buen pasar se hacen cargo del rancho de la familia, aunque tienen personalidades muy diferentes. Phil, interpretado por Benedict Cumberbatch (Doctor Strange), es duro y agresivo aunque muy popular y extrovertido. En cambio George, encarnado por Jesse Plemons (I’m Thinking of Ending Things), es sensible e introvertido. Esta antítesis de personalidades comienza a generar rispideces cuando George formaliza una relación con la viuda Rose Gordon (Kirsten Dunst). Cuando ella y su hijo Peter (Kodi Smit-McPhee) se mudan a la casa de los hermanos, el conflicto comenzará a ser cada vez más evidente.

A The Power of the Dog se la cataloga como un neo-western, aunque es mucho más que eso. Como en toda reformulación de géneros clásicos, suele existir una mezcla de elementos disruptivos o que provienen de otros géneros. Es un fenómeno muy actual la ruptura de rigideces para escapar a las etiquetas y las clasificaciones. Por eso, es posible también afirmar lo contrario: The Power of the Dog no es un western, aunque toma elementos del mismo. De hecho, los usa de una manera muy ingeniosa. Asume que el género está tan instalado en el inconsciente colectivo, que reacomoda algunos de sus motivos principales de maneras insospechadas. Todo el preconcepto que uno tiene sobre el western juega a favor del engaño, para sorprendernos con capas y capas de sentidos. El deber, la justicia, el duelo… Se juega con la expectativa, se distorsiona y, en algunos casos, se rompe por completo.

THE POWER OF THE DOG

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EL PODER DE LA ELIPSIS

La atmósfera que se respira en la película es de angustia total. Hay una tensión constante que se palpa; se presiente que algo está por estallar. Sin embargo, eso no necesariamente sucede en cámara. Ahí está la magia de la elipsis y la pericia de la directora. Uno termina de ver The Power of the Dog y siente que algo lo ha atravesado. Los detalles y lo no dicho se resignifican al final, e incluso después de varias horas seguimos dándole vueltas y vueltas al asunto. ¿Qué acabo de ver? ¿Qué historia me acaban de contar? Uno se siente afectado pero no entiende bien por qué.

Hay sentimientos encontrados, hay matices. La construcción de los personajes, que evolucionan a lo largo del relato, es profunda, llena de recovecos. Uno no termina de conocerlos completamente, pero alcanza a ver su esencia que, como la de todos, es compleja y por momentos contradictoria. Por supuesto, esto representado a la perfección por el elenco. Cada uno de los escasos cuatro personajes, que ocupan casi la narración entera, tiene algo trascendente que decir o hacer. Todos tienen su rol en esta suerte de indagación sobre cuestiones como la sexualidad y la masculinidad, pero también acerca de las imposiciones sociales y el legado de los que ya no están.

El manejo del tiempo en The power of the Dog es impecable. La historia, que por momentos parece desarrollarse lentamente, acelera en el momento preciso para discurrir en el desenlace. Pero, además, hay un poder de condensación asombroso. Una frase, un gesto, un sonido o una mirada, pueden contener infinitos significados. Significados que, además, se van agregando como capas hasta el último segundo de las más de dos horas de metraje.

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CANDIDATA AL OSCAR

El final es revelador, pero de un modo no artificioso. Es consecuente: todo estaba ahí, lo fuimos viendo. El engaño está, pero la película no “hace trampa”, no nos miente en ningún momento. Tal vez la forma de generar ese engaño sea el hecho de que los valores están subvertidos. Uno tiende a empatizar con uno u otro personaje en base a dos cuestiones: el protagonismo (nadie se identifica con un extra) y las acciones (cómo actúa, qué siente, qué cosas le pasan). Lo primero, es una decisión casi exclusiva de la película, en particular del guion y la dirección. Pero las acciones no siempre identifican de la misma manera. Obviamente, la mirada que el film tiene de los personajes influye, pero también hay mucho que aporta el espectador. Y ahí está la clave: en The Power of the Dog la empatía con los personajes es lo que nos engaña.

Campion decidió adaptar la novela homónima de Thomas Savage de 1967 luego de varios años sin dirigir películas. Su último largometraje, Bright Star, es de 2009. Esta la segunda vez que obtiene una nominación a mejor película. La anterior fue por The Piano, en 1993, cuando también compartió terna con Steven Spielberg, al igual que ahora. En aquella oportunidad, Schindler’s List se quedó con el máximo premio, aunque al menos la directora se quedó con la estatuilla por el guion. Queda poco para saber si este neo-western/drama/thriller será la mejor película del año, y el premio tan merecido para Jane Campion.

 

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