PETITE MAMAN: EL LADO FANTÁSTICO DE LA TERNURA

PETITE MAMAN: EL LADO FANTÁSTICO DE LA TERNURA

En Petite Maman, su quinto largometraje, la directora francesa Céline Sciamma retoma una temática recurrente en sus primeros trabajos: el paso de la infancia a la adultez. Sin embargo, lo hace desde una perspectiva bastante diferente. Utiliza una historia fantástica para abordar el conflicto de una niña que se enfrenta a las asperezas de la vida. Luego de la premiada Retrato de una mujer en llamas (2019), el nuevo trabajo de Sciamma es una verdadera joya, llena de ternura y sutileza.

Es difícil hacerle honor a esta película resumiendo su historia. Podríamos decir que Nelly, una niña de 8 años interpretada por Joséphine Sanz, es la protagonista. Ella se encuentra en la residencia donde vivía su abuela, recientemente fallecida. Junto con su madre (Nina Meurisse) viajan para despedir a la abuela y vaciar su casa. De un momento a otro, la madre decide volverse y Nelly queda con su padre (Stéphane Varupenne) hasta terminar de limpiar el hogar. En esa estadía, conoce a otra niña llamada Marion (Gabrielle Sanz) mientras está jugando en el bosque. No solo ambas son muy parecidas (son hermanas en la vida real), sino que la nueva amiga se llama igual que la madre de Nelly, y está construyendo una casa del árbol, tal como su mamá hizo a su edad.

PETITE MAMAN

PETITE MAMAN

SENSIBILIDAD Y FORMA

No es un spoiler decir que el componente fantástico de esta historia es el encuentro de una niña con la imagen de su madre cuando ella también tenía ocho años. Esto ya lo percibimos en los primeros minutos, e incluso en el título. Sin embargo, no es posible hacerle honor a Petite Maman reponiendo los detalles de su historia. La virtud de la película, como la de toda la obra de Sciamma, está en lo formal. La mirada de la directora y guionista es sensible, pero nunca cae en golpes bajos. El amor de una niña y su madre, el dolor y la memoria, pueden ser abordados de múltiples maneras. Acá, encontramos una de las más luminosas.

Es difícil encontrar puntos bajos en esta película. El descubrimiento de las hermanas Sanz es simplemente brillante. Para ambas, es el primer trabajo en cine y el resultado es muy prometedor. Por otra parte, la fotografía refleja una belleza y calidez justas para la historia, mientras que el guion es completamente único. Solo una mirada tan precisa como la de la directora de Tomboy (2011) puede lograr esa mezcla de realismo mágico e historia de crecimiento, interioridad y exterioridad, de una manera tan sutil y amorosa. Por todos lados encontramos pliegues, palabras omitidas y gestos mínimos que le agregan capas de sentido a cada escena. Hasta la duración, de apenas 72 minutos, es perfecta: alcanza para contar una historia sin sentir que falta algo, pero sin sobrarle nada.

PETITE MAMAN

PETITE MAMAN

LA VOZ DE UNA AUTORA

La dirección y el montaje hacen posible descubrir un mundo sin que resulte todo explícito. Entramos en una atmósfera de recuerdo, imaginación e infancia sin ser condescendientes. Adoptamos el punto de vista de una niña sin caer en lugares comunes, desde el respeto y el amor. Un párrafo aparte merece el tratamiento del sonido que se hace en Petite Maman. El silencio ocupa buena parte del espacio, casi como si fuera un personaje más, una ausencia que se vuelve presencia. El sonido parece tener vida propia y resulta placentero de oír, casi como si estuviéramos en una sesión de ASMR.

Toda la estética de esta película es minimalista, no solo por el metraje. Hay solamente cinco personajes y muy pocas locaciones en donde transcurre la historia. Además, no hay ningún artificio que engañe a la vista o intente ocultarnos algo. Pese a lo fantástico de la historia, el tratamiento es sumamente realista. Podríamos decir que es una nueva forma de viajes en el tiempo. No se trata de salvar el futuro o recuperar el pasado, sino de compartir una experiencia imposible, intrasmisible. Con esta pequeña joya que es Petite Maman, Sciamma demuestra, una vez más, que posee una de las voces cinematográficas más originales de Europa.

RESIDENT EVIL: WELCOME TO RACCOON CITY

RESIDENT EVIL: WELCOME TO RACCOON CITY

En el mismo momento en que se estrenaba Resident Evil: The Final Chapter en 2016 ya se anunciaba el posterior reboot. Cinco años después, se estrena Resident Evil: Welcome to Raccoon City, la adaptación que busca revivir a la franquicia. Basada en los dos primeros videojuegos, clásicos del género terror, esta entrega prometía ser mucho más fiel a las raíces. De la mano del director y guionista Johannes Roberts (47 Meters Down) llegamos a Raccoon City y el origen del brote del virus terrorífico.

Luego de un prólogo que se sitúa en el orfanato de Raccoon City, la historia tiene lugar varios años después en la misma ciudad. La compañía Umbrella está abandonando el lugar, que pasa a convertirse en un pueblo fantasma. Allí conocemos a Claire Redfield, interpretada por Kaya Scodelario (Maze Runner), quien vuelve a la ciudad haciendo dedo para reencontrarse con su hermano. Chris Redfield (Robbie Amell), por su parte, es un agente de la policía local. Ambos son huérfanos que crecieron en el orfanato, pero no se ven hace años. Algo raro está sucediendo en Raccoon City, y la gente está empezando a enfermar. El brote zombi dará comienzo a una noche vertiginosa en la que los pocos sobrevivientes intentarán escapar del desastre.

RESIDENT EVIL: WELCOME TO RACOON CITY

RESIDENT EVIL: WELCOME TO RACOON CITY

FIEL A LA HISTORIA

Si te suenan familiares los nombres y la historia, seguramente es porque hayas jugado algunos de los clásicos Resident Evil 1 y 2. Es que Resident Evil: Welcome to Raccoon City es una adaptación sumamente fiel de estos juegos. Además de los mencionados, están presentes personajes conocidos como el novato Leon Kennedy (Avan Jogia, Zombieland) o los experimentados policías Jill Valentine (Hannah John-Kamen) y Albert Wesker (Tom Hopper, Black Sails). Por supuesto, también está William Birkin (Neal McDonough, Minority Report), la mente maestra detrás del virus. Además, la mayor parte de la película transcurre en la estación de policía y en la mansión Spencer, escenarios de los juegos.

Sin embargo, también hay algunas diferencias con respecto a los títulos originales de 1996 y 1998. El origen del brote es levemente distinto, pero la modificación principal está en el hecho de que Umbrella ya estaba abandonando la ciudad antes del conflicto. Esto le da a Raccoon City un aire desolado que le suma muy bien al clima de la película. Es una buena decisión del director y guionista, a pesar de que se distancia del juego.

RESIDENT EVIL: WELCOME TO RACOON CITY

RESIDENT EVIL: WELCOME TO RACCOON CITY

LUCES Y SOMBRAS DE LA ADAPTACIÓN

Pese a estos detalles, no hay duda de que Resident Evil: Welcome to Raccoon City es fiel y respetuoso de la saga. Mucho más que todas sus antecesoras, que poco tenían que ver con la historia original. El aspecto visual es oscuro, lúgubre y sangriento, tal como son los videojuegos. A pesar del bajo presupuesto (el más bajo de toda la saga), se logran unos efectos dignos. Además, el andar de los zombis es lento, pero son difíciles de derribar. El terror está logrado con recursos simples, en su mayoría saltos repentinos a la pantalla. Estas cuestiones parecen calcadas de las entregas de PlayStation. En definitiva, es una película sumamente pensada para fanáticos, llena de guiños y detalles bien incorporados, y muy respetuosa de la historia.

A pesar de ser, posiblemente, la mejor película basada en la franquicia, no todos son aciertos. Entre los puntos flojos podemos señalar la falta de ritmo narrativo en determinados momentos. Tal vez, por ser tan fiel a la historia, se pierde de vista que esto no es un videojuego sino una película de terror y acción. Si se corta el ritmo, se siente una falta de dinamismo y eso le juega en contra a la película. Además, el jefe final es algo decepcionante: le falta la épica que suelen tener los finales de los videojuegos.

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RESIDENT EVIL: WELCOME TO RACOON CITY

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EL ESTILO CARPENTERIANO

Otra cuestión que generó críticas es cierto aspecto de “cine clase B” que se puede percibir. Visualmente, no hay dudas de que es una producción más que decente, pero hay ciertas cuestiones en la edición y el montaje que van en ese sentido. Tomas que duran algunos segundos de más, baños de sangre sumamente explícitos, diálogos trillados y enfrentamientos interminables con zombis. Pero la cuestión es que todo eso no es un error de producción, es más bien un estilo. Hay que recordar que Johannes Roberts es un fan declarado de John Carpenter. El realizador de The Thing, Halloween y Assault on Precinct 13 está muy asociado con esa forma de hacer cine que no busca el realismo sino el impacto estético crudo y desprolijo. Y eso le sienta bien a Resident Evil: Welcome to Raccoon City.

Una escena post-créditos, que ya se ha transformado en un mandato para cualquier película franquicia, sugiere la continuidad de la saga. Veremos cómo le va en taquilla y en crítica para saber qué tan pronto tendremos una segunda parte de esta nueva adaptación. Por lo pronto, nos conformamos con una película que apunta a los fanáticos y satisface bien la necesidad de renovar esta franquicia tan maltratada por sus antecesoras.