HOUSE OF GUCCI: LA TRAICIÓN SE VISTE DE MODA

Riddley Scott presenta su segunda película del año: House of Gucci. Una familia de alta costura y un legado maldito.

carla ana alomar

Fundamentalista de los dramas de HBO. No tomo, pero a Don Draper no le negaría un old fashioned. Mi mamá me dio la vida, y Phoebe Waller Bridge ensangrentada frente a un espejo las ganas de vivirla.

En el último tiempo fueron varias las producciones del género true crime y biopic que ocuparon el catálogo de servicios de streaming y cartelera. Hay algo en acercarnos a aquellas historias que aún siendo reales, parecen ficción que nos sigue cautivando.

Será por la curiosidad de conocer la intimidad de aquellos grandes íconos de la cultura popular o porque nos gusta acompañarlos en sus primeros pasos (y así sentirnos parte) en su camino a convertirse en leyendas.

El ámbito de la música probablemente sea el que más puntos tenga si se pusiera a competir a las artes en ternas. Pero recientemente la historia de la industria de la moda está dando batalla. 

En el 2018 Ryan Murphy presentó El asesinato de Gianni Versace, con un gran elenco y varios premios cosechados, desde ahí los despliegues de vestuario y castings que impresionaban por su buena selección, como se espera de productos sobre moda, no cesaron. Sin ir más lejos, este año tuvieron lugar dos grandes producciones de este estilo. Por un lado Netflix puso a Ewan McGregor en la piel del famoso diseñador de los años 70, Roy Halston Frowick, con Halston y Disney Plus, haciendo hincapié en el despertar creativo de la villana perruna con Cruella.

Ridley Scott, el director reconocido por la épica, se animó a vestirse de gala y en House of Gucci suma otro punto a la categoría de moda true crime. Su segunda entrega en este año donde tanto importan las historias diseñadas para la pantalla grande para obligarse a ir a las salas, cambia las espadas por lapiceras, en una historia donde una firma puede marcar el comienzo de un buen negocio y el fin de un vínculo familiar.

FATHER, SON, HOUSE OF GUCCI

Basada en el libro The House of Gucci: A Sensational Story of Murder, Madness, Glamour, and Greed (2001) de Sara Gay Ford, la película sigue el matrimonio de Maurizio Gucci (Adam Driver) y Patricia Reggiani (Lady Gaga) y su recorrido por hacerse de un asiento en la mesa redonda de la gran familia originaria de la Toscana, los Gucci. Si bien el personaje de Adam Driver lleva el apellido, nunca estuvo interesado en la gran marca. Él es un hombre tímido, estudiante de abogacía, que viene a ser despertado por esta leona ambiciosa con parecido a Elizabeth Taylor. Patricia proviene de una buena familia, pero no posee el apellido respetado. Cruz que arrastrará hasta el fin de sus días, pero que no permitirá que interfiera en su meta: tenerlo todo.

Hay todo un imperio para ser conquistado, solo hay que tomar la valentía y ponerse en la línea de batalla. Después de todo, detrás de todo gran hombre hay una gran mujer.

Pero, ¿qué pasa cuando tus propios enemigos y competencia es tu propia familia? Mientras se cierran tratos y ventas, la herida en el legado familiar está cada vez más abierta.

La actual Succession nos tiene acostumbrados a que no hay nada más tóxico que una reunión familiar y House of Gucci lo reafirma recuperando también aquella conspiración de pactos y secretos internos entre patriarcas y favoritos de El Padrino. Una vez más Al Paccino, uno de los hermanos Gucci, volverá a susurrar órdenes al oído moviendo a sus cercanos como piezas de ajedrez. Pero no contará que mientras él dirige desde su trono de Rey fundador, hay alguien del otro lado queriendo ser Reina.

HEART OF GLASS

El personaje de Gaga, con un acento italiano en el que trabajó nueve meses, sentencia que con el apellido viene la maldición. Y no hay ningún miembro que se quede afuera. Ni siquiera su adorado Maurizio. Pareciera que Gucci y venganza tienen más en común que tan solo una letra. 

La nueva Patrizia viste de alta costura y lleva joyas de diamantes, pero cuando su orgullo y devoción por el hombre que de algún modo creó se ven dañados, su corazón se vuelve de vidrio.

Durante casi tres horas, musicalizadas por temas clásicos de fines de los 80, como Blondie o Donna Summer, que por momentos desencajan con la imagen, nos adentramos en las idas y venidas que el dúo dinámico de Driver y Gaga llevarán a cabo para, más que proteger la marca, protegerse a ellos mismos. 

Aquí entra en escena el personaje más maltratado en todos los sentidos: Paolo Gucci, interpretado por Jared Leto. que funciona como el chivo expiatorio de todos los chistes que la película no necesita, para terminar siendo un payaso con prótesis de maquillaje. Su personaje pretende llegar a la sensibilidad del hijo menospreciado, pero su acento roza tan de cerca la caricatura, que lo único sensible termina siendo la vista de quien mira.

Por el contrario, el resto de las actuaciones están a la altura del elenco, desbordante por donde se lo mire. Driver logra transmitir el cambio de quien pasa de empleado a ser dueño, con un manejo gestual donde predomina el cinismo donde antes estaba la incomodidad. Lady gaga tiene una belleza y carisma en pantalla digno del Hollywood clásico. Y seguramente vuelva a estar entre las nominadas al Oscar.

GHOSTBUSTERS: AFTERLIFE, CON SELLO OCHENTOSO

Muy brevemente y hacia el final, aparece efectivamente lo que es el mundo de la moda en acción. Un desfile clave para la historia de la marca, que marcará lo que distingue a Gucci hoy en día. 

El lema de la marca es que el precio se olvida mientras la calidad perdura. Y un poco mucho de esto tiene House of Gucci, donde la traición se va tejiendo con precisión, como los detalles de estos caros zapatos de cuero italiano. El nuevo Rey se olvidó de quién le dio la corona, y deberá pagarlo con el precio más alto de todos: su vida.

 

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