THE MANY SAINTS OF NEWARK: LA PRECUELA DE LOS SOPRANO

The Many Saints of Newark es una acertada precuela de una de las mejores series de todos los tiempos, Los Soprano, creada por David Chase.

Bruno Palladino

Escritor en proceso. Pasión por la literatura, cine y series como formas de arte. Intentando alcanzar el verdadero Unagi.

01/10/2021

Los Soprano es, para muchos, la mejor serie de la historia de la televisión. Tiene todo: un guion impecable, unas actuaciones soberbias, una realización tan realista como cruda. Incluso, sobrevive de manera intacta al paso del tiempo, algo nada fácil para productos audiovisuales. Vista en retrospectiva, se dice que cambió para siempre la forma de hacer televisión. Su creador, David Chase, logró un reconocimiento fuera de lo común. Más de 10 años pasaron desde el final de la serie para que se decidiera a hacer una precuela en formato película. The Many Saints of Newark, o Los santos de la mafia, es una ampliación del mundo iniciado allá por 1999. Para los fanáticos de la serie, es casi una cita obligada para ir al cine o verla en HBO Max.

La película comienza cuando Dickie Moltisanti, interpretado por Alessandro Nivola (American Hustle), recibe a su padre Aldo (Ray Liotta) de su viaje por Italia. El hijo lo pone al tanto de los asuntos de la famiglia, al tiempo que conoce a la joven esposa de su papá, Giuseppina (Michela De Rossi). Por supuesto, las cosas se van a ir complicando en los negocios, principalmente a raíz de los disturbios raciales en Newark de 1967. Harold (Leslie Odom Jr.), un soldado que trabaja para Dickie, participará activamente de la revuelta, buscando su independencia. En paralelo, disputas familiares y de negocios con Conrado “Junior” Soprano (Corey Stoll) y algún drama amoroso se van entrelazando en la figura central de Dickie. Un párrafo aparte para la relación de él con un joven Tony Soprano, encarnado por Michael Gandolfini.

THE MANY SAINTS OF NEWARK

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UN TRABAJO BIEN HECHO

Más allá de las diferentes líneas que se abren y cierran en la trama, hay muchas cosas para destacar en The Many Saints of Newark. Lo primero, una serie de actuaciones que son simplemente brillantes. Nivola recibe el reconocimiento que nunca tuvo, en un papel con matices muy sutiles y bellos. Ray Liotta, una figura clásica del cine de mafia, no tiene desperdicio. Una impecable Vera Ferminga en el difícil papel de Livia, la madre de Tony. Y, por supuesto, todas las miradas están sobre Michael Gandolfini recreando al mítico Tony Soprano, personaje que supo hacer su padre James Gandolfini. Hay que decir que logra recuperar gestos, miradas, palabras y tonos de forma muy bien lograda. En fin, es difícil encontrar puntos flojos en las actuaciones y, evidentemente, ahí hay mérito del director.

Alan Taylor fue el elegido por Chase para dirigir la película que, inicialmente, planeaba dirigir él mismo. Por problemas personales, David no pudo hacerse cargo y delegó en Taylor ese trabajo, que ya había hecho en varios episodios de Los Soprano. En su currículum, también están algunos capítulos de Mad Men y Games of Thrones, por si le hiciera falta demostrar su experiencia. Igual, es cierto que no tuvo muy buenos resultados haciendo películas, por lo que no deja de ser una apuesta de Chase. Sin dudas, The Many Saints of Newark es su mejor trabajo en cine.

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LOS SANTOS DE LA MAFIA SON VIEJOS CONOCIDOS

Otra cuestión que podemos remarcar es que la película está hecha, esencialmente, para espectadores de Los Soprano. No es que abunden los guiños burdos, todo lo contrario: los hay, pero en general están muy bien disimulados. Podemos reconocer las manías de Paulie, los gestos de Silvio, la actitud de Pussy. Podemos recrear el conflicto de Livia con Johnny Boy Soprano o la inocencia de una joven Janice. Apreciamos la infancia de Tony, su crecimiento y contacto con el mundo delictivo, su incipiente transformación. En suma, el recorrido nos deja entrever los porqués de los personajes que, años más tarde, volveremos a encontrar en Los Soprano.

Es cierto que es otra época, lo que hace que se asemeje más al universo de El Padrino en los conflictos de la famiglia. Pero el espíritu de The Many Saints of Newark es el de la serie, y eso no puede perderse de vista. La construcción de los personajes es compleja, ambigua, con matices que desconciertan. ¿Cómo se puede empatizar con un asesino, con un mafioso despiadado? Bueno, así. David Chase tiene la fórmula. No juzgar a los personajes, no hacer las cosas obvias, no determinar de antemano quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Dejar que la historia se decante como si fuera el único resultado posible. Dickie no puede, aunque lo intente, redimirse de sus pecados. Ni siquiera podrá salvar a su protegido Tony, cuyo destino se le impone constantemente, como bien se encargó de enseñarnos Los Soprano.

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LOS SOPRANO NUNCA TERMINAN

Claro que alguien que no haya visto Los Soprano igualmente puede disfrutar la historia, que no deja de ser autónoma. Toda la trama subterránea de las disputas raciales le da sustento al conflicto principal entre Harold y Dickie. Con una clara influencia de la agenda actual estadounidense, por supuesto. Pero el problema fundamental para el espectador casual, que no haya visto la serie, es que se pierde la mejor parte. Sí, va a entender las pugnas por el negocio, las peleas intrafamiliares, las lealtades y las traiciones. En cambio, se va a quedar afuera de la formación del carácter de Tony, de su camino, del pasado de un clan que tiene una historia posterior a la que da sentido. Esa es la esencia de The Many Saints of Newark, eso es lo que nos quiere transmitir.

Ya desde el comienzo, podemos comprender que la búsqueda de la película es indivisible de la serie. La voz narradora se nos presenta inconfundible: es Christopher Moltisanti (Michael Imperioli), hijo de Dickie y protegido de Tony en Los Soprano. El nexo es directo, estamos presenciando las causas, no las consecuencias. Es la parte de un todo mayor. Porque, además, está planteado el escenario para que la cosa no termine acá. Todo hace suponer que se vienen más películas o, incluso, una nueva serie. Es que si hay algo que le falta a The Many Saints o Newark son un par de horas de metraje. Quedan cortísimos los 120 minutos que dura la cinta, la cosa no puede terminar ahí. Es como si toda la película fuera el prólogo de una historia que recién comienza.

 

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