MALIGNO: HERMANDAD MORTAL

El director James Wan regresa al género terror con una cinta donde el control mental puede ser el arma más útil de todas.

carla ana alomar

Fundamentalista de los dramas de HBO. No tomo, pero a Don Draper no le negaría un old fashioned. Mi mamá me dio la vida, y Phoebe Waller Bridge ensangrentada frente a un espejo las ganas de vivirla.

10/09/2021

“Es hora de extirpar el cáncer” es la misión que propone la décima película de James Wan, que regresa al terror luego de cinco años, tras haberse sumergido en los mares de DC con Aquaman (2018).

Ya desde su póster, Maligno se coloca en la fórmula clásica del género: un rostro de mirada gélida paralizado y un minimalismo rojo. Color que teñirá aquellos secretos ocultos de lazos de familia difusos para desatar venganzas y reproches con voces guturales. 

MALIGNO: HERMANDAD MORTAL

En tiempos donde productoras como A24 han colocado al “folk horror” en el centro de la pantalla (Midsommar, The Witch), priorizando la tradición y raíces de cuentos de brujas para develar lo oscuro de los ritos culturales, Wan recupera la idea de bestialidad suelta en las calles con una lista de cuerpos por caer.

Maligno

 ¿QUIÉN ES GABRIEL?

Maligno tiene como protagonista a Annabelle Wallis (Peaky Blinders) quien se pone en la frágil piel de Madison, mujer refugiada en la esperanza de poder llevar a cabo un embarazo en regla, tras varios abortos y una pareja violenta que la culpa. La misma es Jake Abel, quien como en un guiño al universo donde muchos lo conocimos, siendo un Winchester, vuelve a encontrarse en una casona de madera con el chirrido de la amenaza.

Tras una escena de forcejeo entre ambos, que dejará a Madison con una herida en la nuca, se abrirá una ventana hacia su pasado y se desbloqueará una pregunta que desde que Madison era una niña había permanecido silenciada: ¿Quién es Gabriel?

Aquí es donde James Wan comienza a desplegar posibles respuestas para esta entidad de aspecto húmedo y pelo putrefacto, que circula en las noches sin dejar de lado a Madison, que vivirá en carne propia todos sus actos sangrientos en forma de visiones.

MALGINO: JAMES WANN

En estos momentos es donde aparece uno de los recursos mejor ejecutados del film, donde los planos parecieran derretirse unos sobre otros, para cambiar el escenario en el que originalmente nos encontrábamos y trasladarnos a las escenas del crimen en un abrir y cerrar de ojos. Corre sangre, y una toma se desmorona sobre otra.

MENOS ES MÁS…

¿Un asesino, el diablo? Son algunas de las respuestas que la primera mitad del film plantea como posibilidad pero que no logran crear un clima de atención constante. El primer tramo, pese a la variedad de escenarios y el uso de una cámara ágil para seguir a los personajes, se siente lento. Los pocos momentos de humor están dados por el equipo forense encargado de atar cabos, en el que Michole Briana White despliega una elocuencia aguda que recorre todos aquellos lugares comunes de este tipo de investigaciones.

Son muchos los frentes narrativos que James Wan va planteando: el centro médico y sus reportes, archivos de una infancia con mucha oscuridad silenciada, la relación de Madison y su hermana desgastada por los múltiples intentos de ayuda rechazados. Hay una cadencia monótona entre ambas, vínculo con mucho protagonismo, que no logra ser compensada con los momentos sangrientos que el asesino, hasta ahora muy difuso, comete.

MALGINO: JAMES WANN

Es en la segunda mitad donde la pregunta “¿Quién es Gabriel?” se nos es revelada, valiéndose de términos médicos y sentimientos oscuros como los celos y la manipulación. Si usualmente en este tipo de películas se utiliza la analogía de tensión como alguien respirando en la nunca, acá efectivamente ocurre poniendo a la ciencia al servicio de la monstruosidad. 

La idea es original y descoloca por completo cualquier predicción a la que el espectador pudo haberse adelantado. Hay un impacto desde la transformación corporal, con un juego de cuerpo en reversa en una de las escenas más gráficas del año. Pero es todo tan de golpe y repentino que la construcción de este asesino parásito se ve desdibujada por un final apresurado. 

Considerando la falta de estrenos originales, y más en un contexto de pandemia, Maligno suple sus fallas con el peso que significa la vuelta de un director a un género del que es conocedor. Pero vuelve a confirmar una de las principales fallas de las películas actuales: la ambición. Por la sed futura de secuelas y continuaciones, en su mayoría innecesarias, descuidan buenas ideas con una duración exagerada dedicada a líneas argumentales que desvían la atención y quitan el foco del corazón de la historia.

Ficha Maligno

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