¿HACIA DÓNDE VA EL CINE DE SUPERHÉROES?

Los superhéroes vienen dominando el mundo del espectáculo hace años. Pero nada es eterno: para evitar un agotamiento, es necesaria una reconversión constante.

Bruno Palladino

Escritor en proceso. Pasión por la literatura, cine y series como formas de arte. Intentando alcanzar el verdadero Unagi.

Indudablemente, los superhéroes fueron los claros dominadores de la últimas dos décadas del entretenimiento. Esos seres superiores con poderes diversos, que en su gran mayoría iniciaron su recorrido en el formato del cómic, hoy forman parte de las producciones más ambiciosas, prolíficas y redituables de la industria cinematográfica, tanto en las series como (principalmente) en el cine. Sin embargo, no por tener superpoderes se está exento de la caída. El agotamiento del público y la sobreexplotación de las fórmulas que, evidentemente, funcionan, afectan a cualquiera. Por eso, es necesaria una constante reinvención del género para no caer en repeticiones aburridas. La historia puede servir para aventurar qué depara el futuro.

LOS INICIOS

Las primeras incursiones de los superhéroes en el cine coinciden con el éxito de los cómics, en la década del 40. Principalmente, se trataba de películas seriales (episodios cortos) de Batman, Capitán América o Superman. Luego siguieron algunas series de TV en las décadas de los 50s y 60s. La más famosa: la inolvidable serie de Batman de Adam West, entre 1966 y 1968, que aún hoy es recordada con cariño por los seguidores.

Pero la incursión fuerte en el cine fue recién en 1978, con la muy bien recibida Superman de Richard Donner (The Omen). Tal fue el alcance de la adaptación, que el hombre de acero tuvo otras tres películas en la década siguiente. Algo similar sucedió con Batman (1989) de Tim Burton (Edward Scissorhands), que también tuvo tres continuaciones. Ambas franquicias sufrirían el mismo mal: pésimas secuelas. Tanto Superman IV (Sidney Furie) como Batman & Robin (Joel Schumacher) son desastrosas, de lo peor que se ha hecho con esos personajes. Por eso fueron las últimas de cada saga. Pero no son las únicas películas horribles de superhéroes de los 90. Hay que mencionar también las olvidables Captain America (Albert Pyun) y The Fantastic Four (Oley Sassone), que no se quedan atrás. Quizás esta serie de fracasos estrepitosos haya retrasado el fenómeno que vemos hoy en día por varios años. Imposible saberlo.

THE CROW

THE CROW

Lo cierto es que, en paralelo, algo bueno se estaba gestando. En 1994 se estrena The Crow (Alex Proyas) con gran repercusión debido a la muerte accidental del actor protagónico durante el rodaje. Pero la película tiene méritos propios, y marca un quiebre con respecto a lo que se venía haciendo. Además de convertirse en la primera franquicia basada en un cómic independiente, The Crow es una peli de superhéroes mucho más oscura y sangrienta, para un público más adulto. Esto sería clave para que existan las películas de Spawn (Mark Dippé) o la trilogía de Blade (Stephen Norrington), donde el protagonista pasa a ser un anti-héroe.

LOS 2000 Y LA ERA DORADA DE LOS SUPERHÉROES

El nuevo milenio comienza con una serie de películas de superhéroes que buscaban relanzar el género. Algunas lo lograron con bastante éxito y se transformaron en franquicias muy rentables para las compañías. X-men, Spiderman, Hellboy, por nombrar solo algunas que tuvieron varias entregas. Pero la década del 2000 tuvo dos momentos realmente importantes en esta historia. El primero: el estreno en 2005 de Batman Begins, la primera de la trilogía de Christopher Nolan (Inception). Este reboot significaría un cambio de paradigma estético para el caballero de la noche y para el futuro de DC. Mucho más sombrío, cruento y dramático, tanto en el aspecto visual como narrativo.

El segundo momento de quiebre también se empezó a gestar en el año 2005. Marvel comenzó a producir de manera independiente sus propias películas, siendo la primera en estrenarse Iron-Man (Jon Favreau) en 2008. La creación de su Universo Cinematográfico (MCU) revitalizó a este tipo de historias con un toque especial que marcaría su destino. Al igual que hiciera Stan Lee con los cómics en la década del 60, la idea principal del MCU era entregar películas particulares de cada héroe, para luego juntarlos en el crossover más grande hasta el momento: Avengers. El resto, es historia. El éxito fue descomunal, cada película superaba en taquilla a las anteriores. Se produjeron en total 23 películas, conformando así la Saga del Infinito.

AVENGERS

AVENGERS

GUERRA DE GIGANTES

Claramente, la última década estuvo marcada por una fuerte disputa entre las dos grandes compañías del género. El ganador indiscutido fue Marvel, que supo llevar adelante un proyecto más ambicioso, con una fórmula tremendamente efectiva. Pensadas para un amplio público de todas las edades, con toques de humor, mucha acción e historias atrapantes. Generó además un fenómeno que se extendió a otros géneros y franquicias: los multitudinarios crossovers que reúnen elencos espectaculares. Esa maravilla de planificación y diseño que es el MCU marcó un antes y un después en el cine de superhéroes, que luego se extendió al formato de las series en TV y de plataformas.

DC, por su parte, siguió apostando por una visión más cruda y menos edulcorada del mundo de los superhéroes. Así, luego de la gran trilogía de Batman que desarrolló Nolan, el encargado de formar el Universo Extendido (DCEU) que reuniera a los principales personajes fue Zack Snyder (300). Ya sabemos que esto no salió del todo bien, pero al menos Snyder intentó darle un toque distintivo al DCEU. Igualmente, y ahora sí pensando ya en el futuro, quizás lo más interesante que dejó el director fue su primera adaptación de un cómic de DC, allá por el 2009: Watchmen.

JUSTICE LEAGUE

JUSTICE LEAGUE

EL BIEN Y EL MAL

La historia nos demuestra constantemente que los éxitos de hoy son los fracasos de mañana. Nada es para siempre, ninguna fórmula es infalible ni eterna. Lo que en la actualidad parece funcionar a la perfección, podría dejar de hacerlo en cualquier momento. Por eso, algo tan establecido como el género de superhéroes debe reconvertirse constantemente para seguir estando arriba. Y algo de eso ya está sucediendo.

Ni siquiera vale la pena mencionar que los límites clásicos del bien y el mal han sido trastocados. Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. La figura del anti-héroes es hoy en día más común que la del héroe clásico. Todos tienen sus demonios internos, su pasado oscuro, sus decisiones cuestionables. Iron-man es frío y egoísta, Batman busca venganza, Deadpool es… un caso aparte. En definitiva, ya nadie supone que el héroe vaya a ser moralmente intachable, ni mucho menos. Pero esto de ninguna manera anula la esencia de la lucha entre el bien y el mal, que es una pata fundamental del universo de los superhéroes.

Por otro lado, tenemos a los villanos que ya no son tan malos. Y no hablamos de los que se convierten en los nuevos héroes como Loki o los del Suicide Squad. Cada vez más, los antagonistas tienen un motivo concreto que los lleva a actuar. Están más justificados. En cierta forma, siempre lo tuvieron, pero hoy se puede ver un esfuerzo por construir la lógica interna del villano. Thanos tiene un propósito, puede ser cruel pero tiene sentido lo que plantea. Lo mismo sucede con el Joker: puede estar loco, pero no deja de ser coherente consigo mismo. Tal es así que tenemos una gran película (Joker del 2019) explicando por qué es como es, y casi que lo entendemos.

THE BOYS

THE BOYS

LOS SUPERHÉROES DEL FUTURO

Pero esta borradura de la línea entre el bien y el mal no es lo más relevante hoy en día. Es casi una obviedad. Ya damos por sentado que nada es tan definitivo, que hay grises, hay matices, y las cosas pueden no ser como parecen. Hay otra cuestión más profunda que se pone en juego en algunas películas y series de los últimos años. Si destacamos a Watchmen es porque fue la primera vez (al menos tan masivamente) que se cuestionó a los superhéroes. Pero no de una manera individual: no se trata de comprobar si tal o cual cumple con los requisitos, si actúa bien o mal, si cometió un error o un crimen. Lo que se plantea es un mundo post-heroico, donde el concepto mismo de “superhéroe” es puesto a discusión. Claro, el cómic tiene 35 años, pero es normal que el cine vaya mucho más retrasado.

Algo de esta cuestión también puede verse en Batman vs Superman (2016), también de Snyder. Y, mucho antes, en toda la saga de X-men, con la pregunta sobre si los humanos y los mutantes pueden convivir. Recientemente, tenemos la crítica interesante de The Boys (Eric Kripke), donde los roles se invierten y los súper pasan a ser los malos de la historia. De nuevo, esto no anula la disputa entre el bien y el mal, que está en la base del género. Pero sí es una muestra de que la crisis de los superhéroes está dentro de su mundo, y no fuera. No va a venir algo más que derroque su reinado, van a caer por su propio peso.

Lo curioso es que esto último vale tanto para los personajes como para la industria en general. Si los superhéroes son cuestionados, es porque todo el entramado está llegando a sus límites. Por el momento, el mismo sistema ha sabido explotar esta tensión y generar algunas de las historias más interesantes. Pero, de nuevo, nada dura para siempre.

La nueva saga de Marvel acaba de comenzar con WandaVision y The Falcon and the Winter Soldier en Disney+. Mientras tanto, DC apuesta por una reconstrucción de su universo a partir del esperado semi-reboot de The Suicide Squad (James Gunn). Veremos si logran ofrecer algo novedoso para superar el agotamiento que, más temprano que tarde, llegará a un público que hasta el momento se mantiene fiel.

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