LOS SONÁMBULOS: LA FAMILIA Y LA NOCHE

La cuarta película de la directora argentina Paula Hernández es un drama familiar que esconde algo siniestro.

Bruno Palladino

Escritor en proceso. Pasión por la literatura, cine y series como formas de arte. Intentando alcanzar el verdadero Unagi.

05/05/2021

El año 2020 fue el más complicado de los últimos tiempos en varios aspectos. En lo que refiere al cine, todos los planes debieron modificarse sobre la marcha, y muchos proyectos se vieron interrumpidos. En Argentina, no hubo muchos estrenos particularmente recordables. Quizás, uno de los más interesantes haya sido Los sonámbulos, cuarta película de la directora Paula Hernández (Herencia). La película, que en realidad fue estrenada a fines del 2019, fue la selección oficial argentina para candidata a Mejor Película Internacional de los últimos premios Oscar. Si bien no quedó en la terna, tiene méritos suficientes para plantarse como una de las mejores películas nacionales del último año.

Todo ocurre en un par de días y prácticamente en una misma locación. Si bien hay un breve prólogo, rápidamente nos trasladamos a una casa de campo donde Luisa (Érica Rivas), su hija Ana (Ornella D’Elía) y su esposo Emilio (Luis Ziembrowski) van a pasar año nuevo con la familia materna de él. Allí se encontrarán con los hermanos de Emilio, Sergio (Daniel Hendler) e Inés (Valeria Lois), y también con la dueña de casa y madre de los tres, Memé (Marilú Marini). El ambiente familiar empieza a mostrar algunas rispideces, especialmente cuando Alejo (Rafael Federman), el hijo mayor de Sergio, llega a pasar las fiestas luego de varios años ausente. Entre recuerdos de la infancia, Alejo va a llevar a Ana por un rumbo lleno de imposturas de rebeldía que, en un principio, atraen a la joven adolescente.

LOS SONÁMBULOS

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ALGO MÁS QUE UN DRAMA FAMILIAR

Varios temas van a ir apareciendo en esta convivencia. La venta de la casa, quién se hace cargo de los gastos, algunas diferencias a la hora de manejar la empresa familiar. Todo parece indicar que algo va a pasar, pero no es obvio que así sea. Más allá del drama familiar, habrá una cuestión de disputa de poder que se inscribe en la cuestión de género. Entre la seducción, el despertar sexual y la desconfianza dentro de la propia familia, se juega el tema central de Los Sonámbulos. La tensión de las escenas clave se construye desde lo siniestro: lo que parece familiar se vuelve extraño, y la sensación de miedo invade desde adentro.

Dicho sea de paso, el nombre de la película refiere al trastorno que padece Ana, heredado de varios miembros de la familia. El peligro que significa caminar dormido a oscuras, en una casa desconocida, en un ambiente raro, tiene un papel importante. La noche es un momento inquietante donde el peligro parece imponerse, y el cuidado de la madre encuentra un límite.

LOS SONÁMBULOS

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EL RELATO CORAL

En el aspecto técnico, hay varias cosas para destacar en Los Sonámbulos, que están ejecutadas a la perfección. Varios planos secuencia con cámara en mano, que dan una continuidad precisa y natural, suman a generar ese ambiente cotidiano y, a la vez, singular. Una fotografía que aprovecha de manera efectiva la luz natural del campo y la oscuridad nocturna. Pero quizás lo más destacable sea lo apretado de los planos, lo asfixiante de una situación cargada de presencias ambiguas, entre amistosas y amenazantes. Sin dudas, se logra ese efecto.

En el plano del guion, todo parece estar muy acertado. Al margen de la historia y el conflicto, que están muy bien construidos, la forma de relato coral le da un sentido a cada cosa que sucede. Todos los personajes tienen su desarrollo, sus momentos esenciales en los que se define quiénes son. Y las actuaciones acompañan ese desarrollo. No es ninguna novedad si decimos que Érica Rivas es, hoy en día, una de las mejores actrices argentinas. Y acá lo demuestra una vez más. Pero si hay que destacar una interpretación, es la de Ornella D’Elía. En su tercera película, logra darle a Ana una espesura tan real que nunca defrauda. Por supuesto, ahí también hay mérito de la directora.

Los Sonámbulos es una película sólida, sin puntos bajos. Tiene ese aire extraño que la hace dialogar perfectamente con La ciénaga de Lucrecia Martel. La casa de campo, la tensión familiar que parece suspenderse, ponerse en pausa, pero que finalmente es imposible de disimular, entre varios puntos de contacto. Dentro del catálogo de Amazon Prime, sin dudas vale la pena para alejarnos un poco del glamour de Hollywood.

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