OPERATION VARSITY BLUES: LA EDUCACIÓN-MERCANCÍA

A partir del escándalo por una estafa en la admisión universitaria, el documental Operation Varsity Blues expone la desigualdad educativa.

Bruno Palladino

Escritor en proceso. Pasión por la literatura, cine y series como formas de arte. Intentando alcanzar el verdadero Unagi.

05/04/2021

Hace dos años, se destapó el fraude educativo más importante en la historia de los Estados Unidos. La noticia, que no tuvo tanta repercusión en nuestro país, fue una muestra más de que los ricos pueden moldear las reglas a su antojo. Una estafa multimillonaria en el proceso de ingreso a las universidades más prestigiosas de Estados Unidos, que involucró a grandes empresarios y estrellas de Hollywood. El documental Operation Varsity Blues: The College Admissions Scandal nos muestra el mecanismo del fraude. Pero, en el camino, vemos cómo el sistema de exclusividad y prestigio de las casas de estudio no hace más que fomentar la desigualdad.

La historia que cuenta Operation Varsity Blues está basada en una investigación del FBI sobre el coach universitario Rick Singer (en el film, interpretado por Matthew Modine). Su trabajo, como el de tantos otros en EEUU, es el de preparar a los estudiantes del secundario para el arduo proceso de ingreso a la universidad. Hay que situarnos en una sociedad como la norteamericana para entender esta lógica abrumadora y angustiante. Las principales universidades yankees reciben cientos de miles de aplicaciones de ingreso, pero solo unos pocos logran entrar. De hecho, mientras más bajo es ese porcentaje, más prestigiosa es la universidad. La educación en estos establecimientos es vista como un signo de status para las familias. Entonces, la búsqueda por ser aceptados se convierte en una competencia feroz entre los adolescentes.

LA PUERTA LATERAL

Básicamente, hay tres formas de ingresar a Harvard, Yale, USC o cualquiera de las otras casas de élite. La primera es por mérito, mediante exámenes de aptitud, cursos avanzados y demás menesteres. Lo cierto es que muy difícil ganar un lugar entre una cantidad enorme de aplicantes. La segunda forma es mediante la “puerta trasera”, que básicamente es hacer una donación millonaria a la universidad. No hay garantía de entrada, pero mientras más grande sea la donación, más chances de entrar. Y la tercera, es a través de los cupos por deporte. Las universidades reclutan a los deportistas talentosos para que formen parte de sus equipos, y así muchos pueden acceder a los estudios universitarios. Y es acá donde entra Rick Singer y su “puerta lateral”.

Este estafador profesional encontró la manera de garantizar el ingreso a las principales universidades sin la necesidad de ser un genio ni donar una millonada. ¿Cómo? Fácil: por unos cientos de miles de dólares, Rick se encargaba de sobornar a quien hiciera falta, y hacer figurar a los hijos de los ricos como grandes deportistas. Obviamente, los entrenadores de algunos deportes no tan populares recibían su parte de la torta por reclutar a estos chicos y chicas, aunque en su vida hubieran tocado una pelota. Denominada operación Varsity Blues, esta estafa permitió el ingreso a las principales universidades de los hijos de grandes empresarios y algunas celebridades de Hollywood.

OPERATION VARSITY BLUES

OPERATION VARSITY BLUES

RECREACIÓN O TESTIMONIO

Hace rato que Chris Smith viene demostrando su capacidad para el formato documental, en varias entregas de Netflix. En su currículum como director figuran los trabajos en la genial Jim & Andy y en la increíble historia de Fyre. Como productor, debemos sumar la espectacular y alocada Tiger King. Sin embargo, ninguno de estos trabajos se asemeja, en su formato enunciativo, a Operation Varsity Blues. Es que la forma de abordar esta historia es un tanto diferente al clásico documental. Básicamente, el grueso de la película se conforma de recreaciones y no de imágenes testimoniales. Si bien es cierto que se van entrecruzando fragmentos de entrevistas y otros materiales “reales”, en su mayoría el documental es actuado. Pero esto no le quita verosimilitud.

El apoyo fundamental está en las escuchas telefónicas del FBI, que son repetidas al pie de la letra. Los actores reproducen las transcripciones palabra por palabra, lo que le aporta un buen ritmo dramático sin dejar de ser fiel a la verdad. Este modo de reconstrucción ficcional de un hecho real no deja de ser polémico. Hay quienes lo aceptan como un recurso válido, y quienes lo odian profundamente. Y es que si no está logrado con sutileza, la caracterización burda no hace más que desacreditar cualquier historia que se quiera contar seriamente. Pero, por suerte, eso no es lo que pasa en Operation Varsity Blues.

EDUCACIÓN EN VENTA

Más allá de las culpabilidades personales, las condenas y la trascendencia mediática de algunos personajes, lo que está en juego en Operation Varsity Blues es el sistema perverso de la educación superior en Estados Unidos. Los padres ricos pagan por el privilegio, para asegurarse un status familiar. Los intermediarios, como Rick o los entrenadores, aprovechan el hueco para sacar una tajada. Pero son las universidades las que reciben donaciones cada vez más grandes, mientras miran para otro lado. El prestigio educativo se vende por cifras millonarias, en un sistema elitista que no hace más que fomentar la locura por pertenecer a cualquier costo. Siempre habrá alguien dispuesto a pagar por quedarse con un lugar, sea por la puerta trasera, lateral o cualquier otra. Y habrá otro, sin los recursos, que se quede afuera.

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