25 AÑOS DE TRAINSPOTTING: DROGAS Y ROCK AND ROLL

Hace 25 años se estrenaba Trainspotting, de Dany Boyle, una película que marcó a toda una generación y cambió la forma de mostrar el uso de drogas en el cine.

Bruno Palladino

Escritor en proceso. Pasión por la literatura, cine y series como formas de arte. Intentando alcanzar el verdadero Unagi.

Hace 25 años se estrenaba una de las películas más significativas para toda una generación. Considerada entre las mejores películas inglesas, Trainspotting modificó la forma de tratar ciertas temáticas en el cine. Drogas, violencia, delitos y el desencanto de una parte de la juventud con la sociedad burguesa son retratados sin moralina, sin juzgamientos y desde una óptica vertiginosa que combina drama intenso con momentos absolutamente cómicos. Indagamos un poco para ver qué hace de esta cinta una de las más influyente y representativo del espíritu inglés de los 90.

LA SUSTANCIA

Trainspotting está basada en la novela homónima del escritor Irvine Welsh. Ya desde su publicación en 1993, había generado algunas controversias por la crudeza y la forma en que narra ciertos temas. Poco les importó al director Dany Boyle (Slumdog Millionaire) y al productor Andrew Macdonald, que convencieron al autor de que podían llevar a la pantalla su obra. Por supuesto, la película no iba a estar exenta de problemas. Por ejemplo, para el estreno en EEUU tuvieron que recortar algunos fragmentos, como un desnudo frontal o el mítico primer plano de la aguja insertándose en el brazo, para evitar una clasificación restrictiva. Pero la principal polémica se instaló con el argumento de que incitaba a los jóvenes a consumir drogas. Obviamente, estas críticas venían desde la parte más conservadora de la sociedad, que no veían con buenos ojos que un grupo de drogadictos protagonizaran una película cool y atractiva.

Lo cierto es que, si bien el ritmo vertiginoso y las múltiples situaciones cómicas le dan mucha vitalidad a la película, esta no deja de tener momentos puramente dramáticos. Y las mayores tragedias ocurren por culpa del uso de sustancias como la heroína. Por eso, no suena muy convincente el argumento de la apología. Pero sí es destacable esa combinación de atmósferas que confunden el drama y la comedia. Puede verse ahí una influencia de películas como Pulp Fiction de Tarantino, aunque no es la única. Hay varias referencias directas, como la ambientación del boliche que remite al bar de La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick, o la cabeza que gira al estilo de El Exorcista de William Friedkin.

LOS NERDS AL PODER

Si la comparamos con, por poner un ejemplo cercano, Requiem for a dream del año 2000, podemos ver una clara diferencia. En esta última también se toca el tema de la adicción a las drogas, pero se hace desde una perspectiva mucho más oscura. No hay lugar para el humor. Sin embargo, en Trainspotting pasan cosas igual o incluso más trágicas que la película de Darren Aronofsky, pero el tono es completamente distinto.

TRAINSPOTTING

TRAINSPOTTING

TRAINSPOTTING: LOS YONKIS DE EDINBURGO

El propio Ewan McGregor (Big Fish) cuenta que, ni bien recibió el guión, supo que quería ese papel. Boyle se lo había dado solo para que lo viera, pero cuando se reunieron, el actor ya había bajado 7 kilos, se había rapado y tenía estudiado el tema de las drogas. Según él, “era uno de esos papeles que se cruzan en tu camino una vez en la vida”. Y razones no le faltaban: el personaje de Renton es sumamente interesante. Conflictivo y defectuoso, aunque consciente de sus propios defectos, reflexiona críticamente sobre la vida burguesa, a la que no le encuentra sentido. Reconoce sus errores, pero a la vez no tiene muchas intenciones de cambiar. Y, a partir de la influencia de sus amigos, se sumerge en la autodestrucción. Esta complejidad lo convierte en un personaje multidimensional: no se puede resumir en un único atributo o arquetipo.

Por supuesto, va a estar muy bien acompañado por el resto de la banda. Sick Boy (Jonny Lee Miller) es el más drogado del grupo, egoísta y mentiroso, con una fascinación por las películas de James Bond. Después está Begbie (Robert Carlyle), el más violento y psicótico, con actitud de líder de una pandilla de mafiosos. Spud (Ewen Bremmer) es tan torpe que se mete en las situaciones más bizarras, pero también es el más sensible. Tommy (Kevin McKidd) parece ser el más rescatado y sano, hasta que deja de serlo. Y por último Diane (Kelly MacDonald), una adolescente de 15 años que empieza una relación con Renton a partir del encuentro en un boliche. Todos están muy bien, todos aportan algún matiz propio y resultan influyentes para la trama.

 

“¿QUIÉN NECESITA RAZONES CUANDO TIENES HEROÍNA?”

Lo que hace que una película se convierta en un clásico del cine suele ser un misterio. Pueden ser múltiples las causas. Pero sin dudas, uno de ellas es la cantidad de momentos o escenas puntuales que quedan grabadas para siempre en la memoria. Y en Trainspotting hay varios. Con esto no queremos decir que simplemente eso la ubique a la altura de los grandes clásicos, aunque méritos no le faltan.

Desde la escena inicial con el monólogo de Renton, la corrida por las calles de Edimburgo y la genial Lust for Life de Iggy Pop de fondo, nos arrastra un torbellino que no nos suelta más. Esa corriente nos va a llevar desde el consumo desenfrenado hasta el síndrome de abstinencia. Y en el medio, de todo: robos, violencia, muerte y excesos de todo tipo. La genialidad del asunto es que, dentro de ese viaje a todo trapo, vamos a pasar por todos los estados posibles. Euforia, risas, llanto, desesperación, rabia, decepción, angustia.

No solo las emociones que nos provoca son de una amplitud atípica. Trainspotting logra combinar, en su puesta en escena, dos abordajes completamente opuestos. Por un lado el realismo más duro, más sucio. Un realismo grunge. El ambiente, los vestuarios, los diálogos, las agujas entrando en la piel, todo está representado con una crudeza extrema. Y, por otro lado, las alucinaciones psicodélicas de la heroína retratadas como una fantasía surrealista. La escena de la sobredosis acompañada magistralmente por Perfect Day de Lou Reed, o la inmersión en “el peor inodoro de Escocia”, o los delirios de la abstinencia son absolutamente fantásticos. Los dos lenguajes se yuxtaponen y se complementan mutuamente de una manera tan magistral, que servirá de influencia para el cine futuro.

TRAINSPOTTING

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EL LEGADO DE TRAINSPOTTING

Estrenada en 1996, Trainspotting se transformó en uno de los largometrajes inglesas más influyentes. Películas como Snach y Lock, Stock and Two Smoking Barrels de Guy Ritchie, o This Is England de Shane Meadow tal vez nunca hubiesen existido. En 2017 se estrenó la secuela T2 Trainspotting, basada en la novela Porno también escrita por Welsh. Con solo mencionar que reunió a todo el elenco original, director y guionista, ya merece la pena verla. Si bien no es tan impactante como la primera, pero deja algunos momentos muy buenos, incluso una de esas escenas que te hacen reír a carcajadas en la butaca del cine.

Hay que mencionar inevitablemente la banda de sonido de Trainspotting. Acoplada perfectamente a la estética de la película, incluye clásicos del pop y del rock, como también temas más alternativos e incluso de música electrónica. Además de las mencionadas de Iggy Pop y Lou Reed, contiene canciones de grupos de la escena británica como Blur, Pulp, Primal Scream y New Order. Sin dudas, se trata de una de los mejores soundtracks de la historia del cine, al menos de los últimos tiempos.

Trainspotting fue un estallido de realidad, tanto por su estética como por el contenido. Generó controversia, tuvo detractores y pasó a ser una película de culto ineludible para los cinéfilos. Ganó algunos premios, sobre todo en el Reino Unido, y hoy es considerada un hito que marcó el cine de fin de siglo. Disponible en Amazon Prime, después de 25 años sigue siendo actual, fresca y avasallante para cualquiera. Un sacudón que te deja dando vueltas como un trompo.

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